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Mostrando entradas de 2018

El arte de ser práctico

Ser práctico es un arte que poca gente practica en su cotidianidad, a veces por no usar la cabeza, y otras veces porque hay terceros que simplemente lo impiden. 
Una realidad de estos tiempos dominados por smartphones y otras pantallas es que el tiempo no alcanza. Por ese jueguito de la tecnología el tiempo de ocio y el de trabajo se han entremezclado a un punto tal que ya no hay diferenciación clara. Peor aún, el afán de caerle atrás a la vida social de otros -incluso desconocidos que seguimos porque sí, porque están de moda- hace que en todo momento estemos pegados a esa pantallita, dañándonos la vista, la postura y la vida misma en un sentido. 
Tantas distracciones, conjuntamente con la facilidad que suponen estos aparatos de trabajar y resolver cualquier cosa en el momento, sin importar que estemos comiendo, viendo televisión o compartiendo con amistades, tan solo hacen que el tiempo escasee aún más, por eso hay todo un movimiento orientado a la calidad en lo que respecta a su uso…

Cada cuál sabe lo que hace y cuando lo hace

Sea por culpa de la tecnología, porque hay demasiadas cosas que hacer o simplemente porque el Universo se está achicando, una cosa es cierta: el tiempo no da, una paradoja dada la abundancia de tecnología diseñada justamente para ahorrar tiempo.
En medio de las responsabilidades de la oficina, compromisos profesionales, estudios y responsabilidades familiares suele quedar poco espacio para el ocio, entretenimiento y proyectos que normalmente dejamos “para después”, aún cuando se trate de cosas que nos apasionan o que necesitamos.
Conscientes de que estamos postergando cosas y en general procrastinando, llega un momento en que enfrentamos una dura y triste realidad: el tiempo se va, y no se recupera. Una reflexión que se repite millones de veces cada día, con más frecuencia de la que pudiéramos imaginar.
¿Qué podemos hacer cuando nos damos cuenta de que perdemos el tiempo? Organizarnos. Planificar las cosas. Actuar en base a lo que tenemos y establecer metas. Hacer esto requiere neces…

El triunfo de lo absurdo

¿Cómo se progresa cuando a nada se le da importancia? ¿Cuando se desconoce el origen e historia de las cosas? ¿Cuando se pierden tradiciones por falta de esfuerzo? ¿Cuando todo es nada? Lamentablemente, en esta etapa de la humanidad dominada por lo absurdo, estamos a punto de conocer las respuestas a estas interrogantes, y lo cierto es que el panorama pinta feo.
Ahora mismo tenemos una realidad dominada por gente a la que no le importa absolutamente nada más allá de su propio bienestar. Son personas que viven en su propia burbuja, sin interesarse en el prójimo ni en su entorno. En esas burbujas las pocas cosas que tienen cabida carecen de sustancia y en realidad nada aportan a nadie. El modelo seguir son personalidades huecas como Kim Kardashian, que pese a su aparente levedad mental nada tiene de cabeza hueca.
Dentro de este triunfo de lo absurdo se ven cosas difíciles de explicar: gente que agrede su salud a propósito en busca de fama, un ideal de belleza exagerado e inflado por ví…

Honestamente, ¿de qué sirve hacer el bien?

La vida está llena de dicotomías. Te dicen que hagas el bien, que actuar de buena fe y con buena voluntad te allana el camino hacia una vida plena. Te dicen que las buenas acciones se multiplican. Te dicen que el karma existe y que tarde o temprano pagamos todo lo malo que hagamos.
La otra cara de la moneda es que, según dice un viejo refrán, quien hace el bien se condena. Ejemplos abundan, como cuando cedes tu turno en el cajero y cuando vas ya no tiene un chele, o como cuando te sales de tu camino para ayudar a alguien y resulta que el día se te complica a más no poder, a veces con daños directos.

¿Sirve de algo hacer el bien? A veces la satisfacción personal derivada de eso no es suficiente, sobre todo cuando la vida te hace una mala jugada.
A veces nos cae una racha de mala suerte y contratiempos que coinciden con momentos en que estamos haciendo favores y ayudando a otros. Aunque esto se haga sin esperar nada a cambio, es inevitable preguntarse por qué el universo la tiene contra…