Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2016

Esa sensación de estancamiento

Evalúas tu vida y te lamentas de lo que hasta ahora has construido. Deseas que las cosas fueran distintas, pero, ¿por dónde empezar? Haces un recuento de tu entorno, tu educación, tu relación con tus padres y de repente te das cuenta de que el fallo fundamental ocurrió en esa etapa crucial que es la niñez/adolescencia, pero a estas alturas de juego no te luce culpar a nadie más que a ti. Primero porque se supone que como adulto estás en capacidad de tomar decisiones y segundo porque eso de culpar a otros nunca deja buenos resultados. Sin embargo, ahí esta eso, pesando más de la cuenta en tus actos, pensamientos y acciones. ¿Qué hacer? La respuesta es perder el miedo y estar consciente de que es un camino a veces con muchos tropezones, pero si realmente si busca un cambio, hay que emprenderlo. Quizás tome tiempo, pero hay que tener paciencia. Mientras tanto, patalear no es la respuesta.






Yo también estoy "jarta"

No sé si tenga que ver con el bombardeo político o que, pero mucha de la gente con la que tengo contacto a diario me dice de alguna forma u otra que está "jarta", así con J. Al preguntarles por qué, la respuesta es la misma: se sienten estancados, como que todo es lo mismo y necesitan un cambio aunque sea de ambiente. 
Es interesante el fenómeno porque parece ser colectivo. No solo son amistades y conocidos que se quejan. En lugares públicos la conversación parece ser la misma, extensivo a redes sociales, donde hasta las caricaturas reflejan ese estado de hartazgo que en nada ayuda a nadie. Es una sensación desagradable porque momentáneamente se siente uno como que no hay esperanza, como que efectivamente está uno estancado en una especie de infierno sin posibilidad real de escapatoria. 
Algunas personas, y yo me incluyo, tienen la esperanza de que las cosas cambien a partir del 15 de mayo, el día en que culmina -al menos en teoría- este asunto de la política. Se supone que…

Todo va tan a prisa...

"No tengo tiempo" parece ser el lema de la gente de este tiempo, sin importar que sean jóvenes estudiantes, adolescentes o adultos ya establecidos con familia propia y las responsabilidades de lugar. 
Ultimanente los días transcurren de una forma muy monótona: te levantas, vas al trabajo, vuelves a la casa y, a dormir, si es que las obligaciones lo permiten. Fines de semana se van en diligencias y, dependiendo del caso, en cuestiones relacionadas al trabajo. Actividades como ir a la playa, viajar y hasta cuidar la salud de manera preventiva se dejan para cuando haya vacaciones, con el agravante de que algunos trabajos y circunstancias no permiten tomar ese merecido descanso.
¿A qué se debe tanta prisa? ¿Cómo es que los días, semanas y meses parecen pasarnos por encima sin siquiera darnos cuenta? Es muy duro detenerse un día y pensar en cómo en un pestañeo ya se ha ido casi la mitad del año y que por cuestiones que a veces nos son ajenas no se le ha podido sacar el mejor prov…