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Cuando nada funciona

Vivimos tiempos modernos, hiperconectados y con orientación social. Todo se publica en redes, todo se sabe, todo se comparte. Lo bueno y lo malo. Quejas y alabanzas. Hay cosas superficiales y profundas que compiten por atención, ganando usualmente la primera.
La gente está absorta en sus pantallas. Nadie se concentra, nadie retiene, nadie está realmente presente. En los trabajos las cosas pasan por inercia: la gente está en estado permanente de default, programada para hacer las mismas cosas a la misma hora, sin entusiasmo ni pasión.

Fuera de esos mundos controlados, la gente anda haciendo lo que le da la gana. El extremismo es una nueva forma de vida representada por modas extravagantes, a veces inexistentes, exceso de candidez en medios, escándalos gratuitos para sonar en el medio, indiferencia de las autoridades y actitud desalmada en lugares donde lo menos que se espera es compasión.
Los servicios, pese a tanta modernidad, no sirven. Se gasta dinero en plataformas e imagen y al…
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¿Por qué es tan mañosa la gente?

A la gente no hay quien la entienda. Le das un consejo, no te hacen caso. Le haces un favor, no te lo agradecen. Tratas de ser comprensivo, y te pagan con un de atrás pa'lante que no hace sentido y es totalmente inmerecido. 
La gente de este tiempo, y quizás desde siempre, carece de sentido común. Todo hay que decírselo, aún cuando sean cosas tan obvias que se caen de la mata, como dice un popular refrán.
A veces da la impresión de que la gente no es capaz de pensar por su cuenta. A veces da la impresión de que no hay consideración al otro. Tanta tecnología al alcance de la mano, y es cada vez más difícil comunicarse en un sentido real con la gente. 
La gente parece ha perdido humanidad. Todo se ha convertido en un juego. A todo y a todos se les puede sacar provecho. No hay consideración. No hay sentido común. No hay lógica. Hago lo que quiero y cuando quiero, sin importarme las consecuencias para otros. Ahora, cuando me afecta a mi, ahí si me hago sentir. 
No podemos ser tan ego…

¿Sirve de algo portarse bien?

A resumidas cuentas, la respuesta a la pregunta que sirve de título es NO. Portarse bien para complacer los caprichos de padres, tutores y demás es un buen disparate porque no hay forma de que todo el mundo quede conforme.
El que se lleva de la sociedad y del "qué dirán" FRACASA. La triste realidad es que TODO EL MUNDO HABLA. Hagas lo que hagas, y por mucho que trates de "cuidar la reputación", alguien por ahí dirá algo. Ejemplos abundan, pero quizás el más representativo sea el de mujeres que pasan de cierta edad y que por su poca actividad social son etiquetadas como "jamonas" y "aburridas". En contraste, si tuvieran una vida social activa y visible, no tardan en calificarlas de "cueros". Suena feo, pero es la realidad.
Portarse bien, ser considerado con otros, dar buen trato, preocuparse por el bienestar del prójimo, ser responsable en el día a día. Todo eso, aunque en teoría es bueno, resulta en un desgaste emocional del diablo …

No se pueden dar segundas oportunidades

¿Quieres perder tu tiempo? ¿Arrepentirte toda la vida? Dale una segunda oportunidad a una persona con la que has tenido algún conflicto. Al principio todo será de paños y manteles, pero será cuestión de tiempo antes de que resurjan los problemas.
Algunas cosas es mejor cortarlas de raíz porque en esas segundas oportunidades suele ocurrir que al final el conflicto es mayor y termina en una reyerta de todo el tamaño. ¿A que se debe esto? A que los viejos hábitos son duros de matar.

Es muy difícil que una persona realmente cambie su comportamiento. El celoso se queda celoso. El abusador se queda abusador. El cobarde se queda cobarde. Si una amistad es irresponsable y la aceptamos así, no esperemos que milagrosamente cambiará un día. Aplica a ese caso y a cualquier otro.
Algo que la gente a veces no entiende es que el otro tiene derecho a tener su vida privada y no es obligado compartir todos sus detalles. Esto aplica especialmente a personas que en algún momento estuvieron muy apegadas …

El dilema de una mente difusa

No hay nada peor que ponerse a pensar sobre uno mismo. Es una pérdida de tiempo enorme, un ejercicio inútil que termina de mala manera, con el individuo apesadumbrado y harto de sí mismo cuando se da cuenta de que por más qt trata sigue teniendo las mismas mañas de siempre.


En alguna ocasión el creador de Mafalda planteó en un diálogo la posibilidad de no gustarse uno mismo al analizarse. Parece extremo, pero millones de personas en el mundo viven así toda su vida, odiándose ellos mismos e incapaces de mirar más allá de sus creencias, que usualmente están groseramente distorsionadas.
Las razones por las que semejante aberración ocurre son variadas. Desde bullying en la escuela hasta poca comprensión en el hogar, todo influye en lo que bien podría considerarse un comportamiento poco natural pero que a diario se ve, y con una frecuencia cada vez mayor.
En un mundo con tanto estrés y violencia, quizás sea lo mejor no pensar más de la cuenta en cuestiones que a la larga no tendrán ningún…

Hablar de más es dañino en más de un sentido

¿No se aguanta a la hora de expresar sus pareceres y estado de ánimo? Malas noticias: el que dice lo que quiere oye lo que no quiere.
Si usted es del tipo de gente que celosamente resguarda su privacidad, entonces no le conviene hablar a boca suelta porque de inmediato surgen preguntas que probablemente no se sienta a gusto respondiendo ni a su madre o pareja siquiera.
Hablar de más es un problema serio en ambientes laborales. Bien lo dice un refrán: la lengua es el castigo del cuerpo. Un comentario mal ubicado es suficiente para meter s cualquiera en problemas.
Moraleja de esta breve reflexión: MODÉRESE. A no ser que quiera todo un ejército de gente preocupándose y llevándole la vida, hable poco. Se ahorrará muchas cosas.

Buscar la quinta pata donde sea y como sea

Obsesionarse es fácil. Basta con tener una idea fija en la cabeza y actuar en base a ella. Una vez se tiene una obsesión todo gira en torno a ella. Se ven situaciones donde no las hay, se crean escenarios imaginarios que al obsesivo le hacen sentido y en general todo se convierte en una  teoría de conspiración.
Estar obsesionado es malo para la salud mental y tiene el potencial de arruinar relaciones con amistades y hasta familiares. Con el tiempo una persona obsesiva se convierte en alguien peligroso. Es una persona incapaz de discernir la realidad real de aquella que de manera fantasiosa se crean en su mente. Viven atentos a cada detalle con la intención de buscar la quinta pata y no escatiman esfuerzos a la hora de acusar y exponer sus fabulosas teorías, aunque después caigan por el peso de la realidad.
Una persona obsesionada es capaz de herir y hasta de matar. Pierden el tacto, la racionalidad y la capacidad de pensar. No se dan cuenta de que con sus actos hieren y hacen daño. N…