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Simplifícate la vida y sé feliz

En este mundo moderno, sobrepoblado e híperconectado es común sentirnos constantemente abrumados porque el tiempo simplemente no da.
Entre redes sociales mentirosas que nos venden la idea de que si no somos perfectos hemos fracasado, gente más sensible de la cuenta y el afán de emprender algún proyecto porque si no lo hacemos no estamos en nada, nos vamos quedando efectivamente sin tiempo. A eso hay que añadir los tapones, trabajos demandantes, familia y compromisos y, ¡voilà!: tiempo esfumado. 
Una realidad de este tiempo es que se gasta demasiada energía valiosa en disparates, cómo competir con perfectos extraños, lidiar con gente tonta y chismes. Es hora entonces de priorizar y tomar en cuenta lo siguiente:
1. Lo que no deja beneficio, al zafacón. Puede ser un proyecto, una actividad, una costumbre, una amistad o la pareja. Si no aporta, pa’ fuera.
2. Mortificarse por el que dirán es un disparate. La gente tiende a juzgar sin antes averiguar. Al final del día somos un grupo de ani…
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Yo no me llamo Samuel

Para cualquiera que me conozca o me siga resulta más que evidente que mi nombre no es Samuel, pero el título es una metáfora de algo que sucede a menudo: gente que tiene un problema con una persona en particular pero que no sabe desligar la situación de otras personas que no le han hecho nada.
Samuel puede ser cualquiera. Es un nombre al azar que buscar demostrar el punto de que si usted tiene un problema con “Samuel”, “Ana”, “Ricardo” o “Susana” otros no tienen por qué pagar los platos rotos de su mal humor e inconformidad.
Es de mal gusto ir por la vida maltratando gente que no tiene la culpa de sus problemas y que quizás podría incluso resultar de ayuda en esos casos.
Si usted no sabe diferenciar y trata a todos según su estado de ánimo, entonces váyase a una montaña y aléjese de la civilización. El mundo será mejor lugar así.

La empatía, mal negocio

¿Te identificas con las situaciones por las que pasan personas cercanas a ti? Se trate de un familiar, un compañero de trabajo, la pareja, una amistad o un perfecto extraño que acabas de conocer, siempre te ocurre lo mismo al exponerte: escuchas, comprendes, te pones en los zapatos del otro y, si está a tu alcance, tratas de resolver o, al menos, ayudar.  Esto no es más que una manifestación de empatía, y pese a que el término es relativamente común, su ocurrencia en el día a día no es quizás tan frecuente. 
El que es empático por naturaleza no tiene que hacer nada por activar el mecanismo, con toda la carga que ello supone a nivel emocional y hasta de salud mental. 
Ayudar al prójimo es bueno, y bien lo recuerda aquel refrán que dice que “es mejor dar que recibir”. El empático no puede evitar entrar en acción la mayoría de las veces, pero entonces hay un problema que el resto de la gente no tiene idea que ocurre: con el paso del tiempo estás personas se desgastan y se agobian con tan…

El tiempo no existe, y sin embargo...

Se trata de una de las grandes contradicciones de la humanidad: el tiempo, según prominentes físicos, no existe, y sin embargo todos los días emprendemos una carrera contra el reloj que nos provoca mucha ansiedad.
El tiempo, según la teoría de la relatividad de Einstein, no es absoluto, sino que para cada cual ofrece una percepción y experiencia distintas. Establece igualmente que este elemento es parte del espacio-tiempo, viéndose afectado por la gravedad y la masa. 
Fascinante el tema del tiempo desde un punto de vista de la física, pero en el día a día todo lo medimos y calculamos en base al tiempo, siendo notorios sus efectos al cabo de un lapso que podría ser días, semanas, meses o años. Curiosamente todas estas son medidas del “tiempo”, aún cuando este no exista. 
Según las circunstancias, el tiempo puede ser tanto nuestro aliado como nuestra pesadilla: es la mejor cura cuando se enfrentan situaciones desagradables y es nuestra cruz diaria en un mundo donde los tapones y el exc…

Al final, la gente termina descubriéndose ella misma

¿Son tus amigos realmente tus amigos? Lo común es que la gente viva quejándose de lo desconsideradas o aprovechadas que son sus amistades, con múltiples historias de desengaños, traiciones e hipocresía.
No hay forma de saber a la primera si esa persona que te anda buscando el lado tiene intenciones puras o bien una agenda oculta en la que tú serías una pieza clave. Solo con el tiempo, a través del trato y luego de compartir en distintos escenarios, es que llegamos a tener una idea de aquello para lo que puede dar (o no) aquel que se identifica como “amigo”.
Hay diferentes tipos de amigos. Los hay que te escuchan atentamente y te dan buenos consejos, otros son confiables e incondicionales, siempre ahí para cuando los necesitas, y hay también quienes ofrecen apoyo moral y solidaridad. Por desgracia estas buenas cualidades no siempre están presentes, viéndose igualmente la contraparte de amigos vividores y aprovechados que no lo pensarían dos veces en meterte en un lío o incluso desecha…

El efecto “Melania”

Cada cierto tiempo nos topamos con gente que aparenta estar perennemente aburrida, harta o  desinteresada. Son personas que apenas sonríen y que en general no dan una sensación de calidez o bienvenida durante encuentros al azar en la calle, en los pasillos del trabajo o en cualquier otro entorno impersonal. 
Sería fácil tildar a estas personas de “frías”, “desagradables” o incluso “odiosas”, pero en realidad la cuestión ni es tan sencilla ni tan superficial como pudiera parecer. Hay millones en personas que por razones diversas no se sienten a gusto “compartiéndose” o poniéndose “accesible” al resto de la gente. Puede ser que en su niñez hayan tenido situaciones de rechazo grupal o simplemente que no se sientan cómodas recibiendo atención no solicitada. 
Una persona con el perfil descrito anteriormente buscará la forma de pasar desapercibida y de no llamar la atención. Bajo perfil, privacidad y discreción son las claves de estas personas. No es que tengan nada en contra del resto de …

Todo carece de sentido

Pocos ejercicios son tan inútiles como tratar de entender a la gente, al mundo, las actitudes y por qué pasan las cosas que pasan.
Milenios atrás, cuando no se conocía esta modernidad que hoy vivimos, las cosas eran muy distintas. La gente se manejaba por intuición y estaba densamente conectada con la naturaleza y su entorno. Eran tiempos donde todo daba trabajo de conseguir y nada se daba por sentado. Las cosas fueron evolucionando: la gente empezó a organizarse en sociedades, surgió el comercio, surgió (o mejor dicho, evolucionó) el arte, empezaron a surgir las ciudades, las metrópolis, la política, la medicina, la educación y un largo etcétera.
En alguna parte del camino surgió la religión, siendo esta motivo de feas y sangrientas disputas que al día de hoy se mantienen. En gran medida la religión, sea cual sea, es motivo de ideologías extremas, prejuicios, odio, segregación y otros comportamientos nada agradables y que en nada ayudan a la convivencia en armonía. 
Las sociedades h…