martes, 14 de octubre de 2014

A nivel individual, ¿somos libres realmente?

Se supondría que la libertad es uno de los derechos fundamentales de cada individuo, siempre y cuando no haga algo que vaya en contra de los principios pre-establecidos o que represente un peligro para otros o para sí mismo.

La lunette d'approche (René Magritte, 1963)

El problema con la palabra libertad es que tiene un significado demasiado amplio. Podemos ser libres en el sentido de que no estamos confinados a una cárcel o calabozo, pero es posible que algunas circunstancias impidan a la gente ser realmente libre. ¿Cómo así? Ejemplos abundan, siendo el más sencillo que muchas veces no podemos hacer aquello que realmente queremos porque va en contra de los intereses de un grupo o por convicciones de la familia o la sociedad.

Es común que las mujeres sientan la presión de sus familiares y de la sociedad por casarse. Son antiguas costumbres mantenidas por las generaciones más viejas y que realmente no se ajustan a los cambios que se han dado a ese y otros niveles. Persiste aún la idea de que es inmoral que una mujer se mude de la casa de sus padres sin haberse casado, de la misma forma que todavía hay gente que piensa que estudiar fuera de su país de origen es una oportunidad para "vagabundear". En ambos casos las viejas convicciones y el "qué dirán" se imponen al deseo que pudiera tener una persona de explorar la vida a su antojo. Se puede pelear contra esto, pero es injusto y a la vez innecesario.

Otro ejemplo: la gente que escribe y publica artículos que cuentan una verdad pero que al afectar intereses particulares son condenadas y hasta censuradas. ¿Suena exagerado? No lo es. Se ha dado el caso a nivel de periódicos con el reportero que hace un artículo donde el dueño de la empresa queda mal parado- quizás a sabiendas de lo que ello implica, quizás no-, y que al final resulta cancelado o, en su defecto, amonestado.

A veces no hay siquiera que escribir directamente sobre la empresa en la cual se labora para sufrir las consecuencias: basta con afectar la industria con algún comentario veraz pero condenatorio de malas prácticas para que haya una reacción negativa.

Todos en algún momento hemos sido víctimas de alguna forma de censura: en nuestro hogar por ir en contra de viejas convicciones y costumbres, en la escuela o universidad por sobresalir con ideas diferentes y el trabajo por querer romper con viejos esquemas. En una ocasión escribí un relato verídico y lo menos que pasó fue que por poco me botan del sitio de trabajo, aún cuando no tenía que ver con el sitio ni con su gente. ¿Qué pasó? Sencillo: la persona a la que sí afectaba tenía cierto nivel de influencia, se quejó con los jefes y en las redes sociales empezó a defenderse de una manera muy baja.

La libertad, como dice un amigo, es una quimera, sobre todo cuando se depende de un salario, de un sistema o de otras personas que en buena teoría deberían ser un respaldo más que un obstáculo.


viernes, 10 de octubre de 2014

Los relajos estúpidos salen caros

Con el mundo en pánico ante la expansión del mortal virus del ébola, ¿a qué persona en su sano juicio se le ocurre vocear a la multitud que tiene eso, a modo de broma? 

En un caso que ha dado la vuelta al mundo entero, justo eso fue lo que voceó en tono desafiante un pasajero estadounidense al aterrizar el avión de United Airlines que lo transportó desde Filadelfia hasta Punta Cana, el principal destino turístico de República Dominicana.

"I have ebola! You're all screwed!" ("tengo ébola, están jodidos") fueron las palabras emitidas por el bromista, quien luego pagó caro su hazaña: fueron retenidos los pasajeros durante dos horas mientras personal médico debidamente equipado revisaba el avión y determinaba si se trataba de una falsa alarma o de un caso real. El siguiente video, tomado por Patrick Narváez y utilizado con permiso de Jukin Media, muestra lo que ocurrió. 



Para respiro de los dominicanos y los pasajeros de ese vuelo, resultó ser un chiste de mal gusto. El personal de United Airways se lo sospechó desde un principio, pero como no ébola no se juega, decidieron no tomar riesgos de ningún tipo. El aeropuerto de Punta Cana, al igual que el país, han quedado bien parados en este susto. La esperanza es que no llegue el virus ni cerca, pero mientras tanto es bueno saber que se cuenta con gente preparada en los aeropuertos para dar una respuesta. 

¿Y del pasajero bromista? Luego de hacer perder dos horas a sus compañeros de vuelo, pagó su acto infantil con una deportación. Conociendo el sistema de Estados Unidos, es posible que le salga algo más en casa. 

La moraleja es clara: así como es una mala idea hablar de bombas dentro de un avión o aeropuerto, con ébola pasa lo mismo. Las bromas de mal gusto siempre tienen el potencial de hacer perder tiempo y de desperdiciar recursos que bien pudieron haberse aprovechado para otras cosas. Es lo mismo con el 911 y las llamadas molestosas. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

De fondo y forma

¿Cómo enfrentar los problemas? La respuesta a esta pregunta va a depender de la situación que se tenga entre manos. Sin embargo, en cada caso hay dos opciones básicas: soluciones temporales que no pasan de ser un maquillaje (o paño con pasta, como dicen coloquialmente) o soluciones que van a la raíz del problema y pueden tomar un tiempo considerable en concluir. 


¿Cuál es el mejor enfoque? Depende de la premura. Lo ideal es siempre resolver las cosas de raíz, yendo al origen y aplicando correctivos que inicialmente resultarán dolorosos pero que a largo plazo dejarán a la colectividad satisfecha. Los arreglos temporales, aquellos que se hacen para tapar un poco la situación o allantar al enemigo, no sirven a menos que vayan acompañados de un plan más serio. 

Si una pared presenta indicios de una filtración, por ejemplo, el curso más rápido de acción es pintarla para tapar el defecto. A la vista, y para quienes no hagan vida en esas paredes, no hay problema alguno. Sin embargo, pasarán como mucho algunas semanas antes de que salga de nuevo la filtración, con toda la fealdad que representa, si no se le busca la causa y se corrige. Hay gente que literalmente se pasa su vida entera pintando y repintando paredes, sin detenerse a pensar en que a la larga gasta más dinero así y se expone a consecuencias peores y a veces insospechadas. 

En este asunto de resolver problemas hay que actuar rápido y con responsabilidad. Prestar atención más al fondo que a la forma. El no atender una situación a tiempo, poniendo todo el empeño de lugar, lo único que hace es que el problema crezca hasta llegar a un nivel imposible de manejar. En este punto empiezan los lamentos, las alarmas, la indignación y una serie de emociones más que en realidad no sirven de nada. 

Los problemas no pueden ignorarse para siempre. El día menos pensado sacan la cara y hacen pasar vergüenza. A veces no hay vuelta atrás: los daños son irremediables y solo queda tomar previsiones mirando hacia el futuro. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Para transformar Santo Domingo, busquen a Bloomberg

Las actuales autoridades edilicias de Santo Domingo, especialmente en el Distrito Nacional y Santo Domingo Este, hablan mucho acerca de la necesidad de transformar la ciudad de manera que esta sea agradable tanto a residentes como visitantes. Sin embargo, para lamento generalizado, esos planes solo se quedan en palabras: raras veces pasan a la acción.

¿Cómo lograr una transformación que en realidad urge? Desde cualquier ángulo que se mire, Santo Domingo es una ciudad a falta de cariño, tanto de su propia gente como de las autoridades llamadas a mantener el orden y el embellecimiento del ornato. Un recorrido, sin importar el sector, muestra calles en mal estado, aceras ocupadas, basura por montones, áreas verdes descuidadas y una suciedad generalizada que es agravada por falta de luz en las noches y la ausencia de facilidades adecuadas para discapacitados o para recrearse al aire libre.

Caos en la Duarte con París (El Nacional)

 No hay en Santo Domingo las facilidades adecuadas para la gente simplemente caminar de un punto a otro. Tampoco las hay para dar un paseo en bicicleta sin riesgo de resultar atropellado. En parte no hay infraestructura y en parte no hay una cultura que resulte favorable al peatón o al buen mantenimiento de la ciudad.

El primer paso para cualquier transformación es educación: crear conciencia entre la gente para que se respeten los espacios públicos, se mantengan las aceras despejadas, se operen los negocios con higiene y se cuiden los espacios verdes. Una ciudad llena de basura, con gente maleducada y irrespetuosa no atrae a turistas ni resulta agradable o atractiva para quienes viven en ella. El segundo paso para la transformación son autoridades comprometidas con el cambio y con hacer cumplir las leyes.

Ya que los alcaldes hablan y hablan pero al final no hacen nada y la ciudad cada vez peor, aquí va una idea que podría funcionar: busquen a Michael Bloomberg de asesor. Quienes hayan visitado Nueva York recientemente, específicamente Manhattan y sus partes necias (Washington Heights, Harlem, por mencionar algunas), habrán sido testigos de una transformación impresionante.

No solo está NYC más limpia y organizada, sino que áreas previamente prohibidas ahora pueden recorrerse sin temor a caer en una situación delicada. Delincuencia la hay, pero la sensación de seguridad es evidente. Si antes había que ir agarrando las pertenencias para que no viniera cualquier loco a llevárselas, ahora hay un clima de confianza que inspira a andar sin preocupaciones de esa clase (ojo, en la confianza está el peligro, tampoco es para desentenderse del todo).

El cambio exhibido al día de hoy por NYC no fue algo que ocurrió de la noche a la mañana. Bloomberg estuvo durante nueve años trabajando arduamente con su plan, y los frutos hoy están a la vista, para disfrute de residentes y visitantes. No fue fácil, pero zonas que antes se consideraban perdidas han ido recuperando su valor, atrayendo nuevos inquilinos e inversiones de valor.

Si fue posible hacer esto en Nueva York, pues en Santo Domingo también lo es. Ya que hay tanta gente en este país que se ufana en conocer a personalidades importantes, quizás haya alguno que conozca a Bloomberg y pueda pedirle el favor de que asesore en esa materia, probono (los honorarios de ese señor deben estar por las nubes). No se pierde nada lanzando esta idea a ver qué ocurre.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Etiqueta en redes sociales

¿Te llaman la atención las redes sociales? ¿Crees que constituyen un medio para hacer llegar tu mensaje y desarrollar campañas de comunicación? Sea que se le vaya a dar un uso personal o profesional, algo hay que tener claro: las redes sociales no son un juego. Un paso en falso es suficiente para enterrarse y nunca más sacar cabeza.
 
Hay gente que piensa que las redes sociales son para compartir cualquier cosa: su estatus en el momento, las fotos de la fiesta loca en la que participó con sus amigos, sus planes a futuro inmediato, sus frustraciones con la vida, sus aventuras amorosas, la comida que compró hace minutos y un largo etcétera. A veces antes de publicar es bueno preguntarse si eso que estamos a punto de compartir aporta algo o le importa a alguien.
 
 
 
Ojo. Esto no significa ponerse plástico a la hora de usar estas herramientas. Así como los estatus del tipo "fui al baño" irritan por ser innecesarios, ocurre lo mismo con gente que se la quiera dar en filósofa o en más inteligente de la cuenta. Lo ideal es ser uno mismo en las redes sociales, sin importar que se trate de Facebook, Twitter o Instagram, y siempre usar el sentido común.
 
Los usuarios de estos medios suelen olvidar que cada cosa que comparten está disponible a millones de personas en todo el mundo, de una manera casi permanente. Significa que esas fotos picantes pueden traer más de una consecuencia y que es una pésima idea revelar cada paso que se da. Honestamente, ¿qué aporta anunciarle al mundo que a las 8:00 p.m. la casa estará sola? Eso es el equivalente de llamar al diablo. Después pasan cosas lamentables y la gente ni se explica como fue.
 
A la hora de usar redes sociales para fines de esfuerzos de comunicación vale oro este asunto del sentido común. Es común que gente y organizaciones abran cuentas en sitios como Twitter o Facebook solo porque sí, porque eso está de moda y hay que estar en la cosa. ERROR. Si no hay una estrategia definida, de nada sirve usar estos medios porque el mensaje no llegará.
 
Así como hay organizaciones y gente que apenas usa sus cuentas en redes sociales se da también el caso contrario: un uso excesivo que a veces raya en lo absurdo y que puede tener el efecto contrario al que se buscaba. ¿Se imagina usted entrar a su cuenta en Twitter, Facebook o Instagram y encontrarse cada vez con un reguero de publicaciones de la misma persona o institución? Peor aún, ¿se imagina recibir una cantidad inusitada de mentions relacionados a temas que realmente no le importan? En uno y otro caso se trata de spam y en estos casos la gente simplemente opta por mutear, bloquear o eliminar a la cuenta problema. Tan sencillo como eso.
 
Hay gente nueva en este asunto de redes sociales que cree que la mejor estrategia es la repetición. Elabora un mensaje y lo reparte en sus redes sociales una cantidad de veces a lo largo del día, sin variación alguna. En moderación funciona, cuando se abusa, NO.
 
¿Te hicieron una pregunta a través de tus redes sociales? RESPONDE. CON CELERIDAD. Esto es crucial, sobre todo cuando se trata de una cuenta de soporte técnico o servicio al cliente. Salvo casos donde se trate de un intento por trolear, debe responderse a cada pregunta porque ello mantiene la dinámica de la interacción y comunica la idea de que se está pendiente a las inquietudes y necesidades del público que sigue la cuenta.
 
Otro error común: contratar un ejército de gente para compartir cada mensaje, como si se tratara de una máquina repetidora. Lo único que esto hace es inflar los números relativos al alcance, a la vez que no aporta nada para los fines de interacción, que es lo que realmente vale a la hora de hacer comunicación en redes sociales.
 
Comunicar es un arte en cada instancia de la vida: en el hogar, con los amigos, en el ámbito profesional. Esta realidad es una que aplica por igual a las redes sociales. Moderación y sentido común hacen un buen combo.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Reevaluarse

Constantemente tenemos que reevaluarnos. Tenemos creencias que a veces son falsas, erradas o desactualizadas, y ya se sabe que tipo de consecuencias pueden derivar de aquí.



Solemos ver eventos negativos como algo realmente malo, y no necesariamente es así. A veces las cosas pasan por algo. Puede que sea una llamada de alerta para cambiar ciertos hábitos o para reevaluar las cosas. 

A veces estamos envueltos en situaciones tóxicas y no nos damos cuenta. Puede que se trate de un trabajo malo, relaciones poco saludables o algo dañino en la relación con nosotros mismos. 

Hay gente que psicológicamente abusa del otro. A veces lo hacen sin saber, otras veces lo hacen con toda la intención. Hay que saber poner un límite. A veces nos rebajamos y nos humillamos tratando de salvaguardar algo, y tan solo logramos pasar alguna vergüenza. Llegados a ese extremo, hay que reevaluarse.

No es obligado que una persona esté con otra, de la misma forma que no es obligado aceptar cada cosa del otro. Respeto mutuo es la base de cualquier amistad o relación cercana. Si una de las dos partes no cumple con eso, no tardan en llegar los problemas. 

Es tan simple llevarse bien que la gente lo complica de mil formas. Lo único que se necesita es aceptar al otro como es y respetar esa individualidad. Cada cabeza es un mundo, dicen, y como tal hay miles de formas de pensar y reaccionar. No siempre se entenderá al otro, pero nada se hace alejándose o burlándose.

¿Por qué es tan común la depresión en estos tiempos? Porque ya no hay conexiones reales. Ahora todo se resuelve con un mensaje de texto que muchas veces puede malinterpretarse y esconder mentiras. Dicen que es más fácil expresarse por escrito que verbalmente, y eso para mucha gente será verdad, pero a través de un chat no es lo adecuado. 

No hay conexiones reales y por ende la gente no llega a conocerse del todo. Se depende de mensajes vacíos de texto, relegándose los encuentros físicos a un segundo plano. Entre notificaciones y el estrés propio del trabajo y la familia apenas se dedica tiempo a otras personas. Esto resume en gran medida por qué estamos cada vez más solos. Este es otro aspecto que debe reevaluarse. 

Esto de reevaluarse no es cuestión de un día. Es algo evolutivo y que a veces será frustrante, pero si queremos ser mejores personas, es un paso necesario. Por último, recordar que las cosas no siempre son lo que parecen. 

viernes, 25 de julio de 2014

¿Te chocó un motorista? Piénsalo dos veces antes de reportar

¿Te chocó un motor? Independientemente de que el motorista haya tenido la culpa, si éste huyó y no dejó rastro alguno, como suele suceder, entonces es mejor olvidarse de hacer la denuncia/reporte correspondiente en la Policía, la Casa del Conductor o cualquier otra entidad competente.

¿Por qué no denunciarlo? Porque ahora, por aquello de que la ley protege a los motoristas, hay una nueva modalidad: si no está presente el motorista que causó el incidente, le retienen la licencia por 48 horas a quien lo reporta. Así de sencillo, sin ningún tipo de apelación ni oportunidad de que la devuelvan antes de ese plazo.

Así andan los motoristas aquí (© Imágenes Dominicanas)

¿Y por qué la retienen en primer lugar? La respuesta es algo insólito e indeseable: para las autoridades poder arrestar o citar a la persona con mayor facilidad en caso de que aparezca algún motorista alegando estar malherido o con alguna otra historia triste de esas que suelen inventarse.

Cierto es que en ocasiones los motoristas son víctimas en accidentes y quedan con traumas, pero la realidad es que en una mayoría de casos ellos son los causantes. Es usual que estos personajes, aún a sabiendas de que ellos cometieron una imprudencia, vayan a exigir al conductor con que chocaron para ver qué le sacan. En este punto, si la víctima no acepta el chantaje y lo invita a ir al destacamento más cercano, lo más probable es que decida huir.

Que le retengan la licencia a uno no es nada. En esas 48 horas se puede circular con la copia y el acta que se llenó del accidente o incidente. La verdadera lata es tener que ir a buscarla y enterarse de paso que en cualquier momento lo pueden citar si aparece alguien que coincide con las señas de lo reportado. Un verdadero horror, y aún cuando eso quizás no ocurra, sigue siendo una posibilidad.

La pregunta final es: ¿por qué tantos pasos para proteger al motorista? La gente que anda correctamente en las calles, respetando semáforos, señalizaciones y demás es la que suele cargar con el peso de la ley en todo momento. Carros de concho, guaguas públicas y motores parecen gozar de unos privilegios muy especiales, y esta es la razón por la que manejar en este país, sin importar la ciudad, es un caos.

Bien por las autoridades. Esta acción de retener la licencia por 48 horas en incidentes con motores hará que mucha gente lo piense dos veces antes de reportar cualquier cosa. En países más organizados esto afectaría la recolección y tenencia de estadísticas, pero en República Dominicana, donde no hay esa tradición, no pasará nada. Hasta un día.