martes, 26 de julio de 2016

El arte de la discreción

Una virtud que últimamente escasea es la discreción. Ahora, quizás por efecto de las redes sociales y gente famosa sin méritos que expone los más íntimos detalles de su vida de manera descarada y pública sin siquiera inmutarse, lo que menos hay es comedimiento a la hora de decir o hacer cualquier cosa.

Este asunto de la discreción va más allá de compartir demasiada información con el público para incluir situaciones más mundanas y cotidianas.

¿Qué es ser discreto? Contrario a lo que pudiera pensarse, no se trata solo de mantener un bajo perfil, sino de saber manejar situaciones inteligentemente y sin involucrar a más gente de la necesaria. Discreción es lo que se necesita al ocupar ciertas posiciones que manejan informaciones y data sensible y es un activo altamente valorado en instituciones financieras e investigativas. Discreción es igualmente lo que evita que información sensible nuestra caiga en las manos equivocadas.

Los beneficios derivados de la discreción son numerosos, pero la gente en estos tiempos se deja llevar por modas y prefiere divulgarlo todo y olvidarse del bajo perfil. Este fenómeno no sólo se ve en redes sociales, sino que traspasa a cada aspecto de la vida, incluyendo el laboral, que es quizás uno de los más sensibles.

Las indiscreciones en el ámbito laboral van más allá de divulgar información sensible o de hacer públicos ciertos secretos para incluir chisme y las tensiones que de allí derivan.

El chisme se da cuando un empleado, sea por desconocimiento, falta de educación o nulo sentido común, decide participar problemas internos de su oficina a agentes externos que bien pudieran guardar relación directa o indirecta con el área en cuestión. Esta práctica es dañina y puede tener consecuencias insospechadas porque el chisme tiende a generar perversión a más de un nivel.

Para mantener la fiesta en paz y tener armonía en general basta tener un poco de discreción, sin importar lo que digan las redes sociales ni las celebridades de último minuto.


lunes, 20 de junio de 2016

Aprender las lecciones a tiempo

Todos cometemos errores, pero las reacciones varían de persona a persona. Hay quienes buscan culpables, otros asumen su responsabilidad de manera práctica y hay aquellos que sienten vergüenza y se pasan una temporada golpeándose emocionalmente.


Los errores son parte de la vida y son un elemento clave de aprendizaje. Esta lógica es la razón por la que una crianza enfocada en resguardar a las crías de toda situación adversa trae más problemas que beneficios a largo plazo. El mundo dista de ser ideal y por ello se hace necesario enfrentarlo como es y no solo permitir acceso a su versión más inocente y limpia.

Una vez cometido el error solo queda seguir el camino. Dependiendo de la magnitud y consecuencias del mismo será normal experimentar remordimiento, vergüenza y otras emociones que en realidad dependerán de cada cual. Aunque esta sea una respuesta natural hay que entender que de nada sirve quedarse estancado en esa etapa del proceso. Hay que seguir el camino y tomar la lección que deja esa situación como una referencia para próximas ocasiones.

Hay gente que le preocupa que la juzguen. Aunque la humanidad sufre de eso, es muy probable que no ocurra al nivel que se piensa. Aquellas personas realmente importantes quizás no lo hagan o se abstengan de actuar en base a ello. Al final eso es lo que importa.

Dicen por ahí que si haces siempre lo mismo nunca obtendrás un resultado diferente, de ahí la importancia de aprender la lección a tiempo. Si en tu casa tuviste una educación restringida y no estás conforme con el resultado logrado no hagas lo mismo con tus hijos. Si en el colegio aguantaste profesores malos y abusadores no hagas lo mismo cuando seas un adulto y estés en situación similar. Lo mismo aplica a los "errores", que quizás sea mejor llamarles experiencias por lo negativa de la palabra.

Si no te gustó una cosa la forma de proceder no es repitiendo la acción "en venganza", sino buscarle la vuelta y demostrar que las cosas pueden ser diferentes. Eso es parte de aprender la lección a tiempo, y a juzgar por como va el mundo, casi nadie lo aplica.

jueves, 26 de mayo de 2016

Esa sensación de estancamiento

Evalúas tu vida y te lamentas de lo que hasta ahora has construido. Deseas que las cosas fueran distintas, pero, ¿por dónde empezar? Haces un recuento de tu entorno, tu educación, tu relación con tus padres y de repente te das cuenta de que el fallo fundamental ocurrió en esa etapa crucial que es la niñez/adolescencia, pero a estas alturas de juego no te luce culpar a nadie más que a ti. Primero porque se supone que como adulto estás en capacidad de tomar decisiones y segundo porque eso de culpar a otros nunca deja buenos resultados. Sin embargo, ahí esta eso, pesando más de la cuenta en tus actos, pensamientos y acciones. ¿Qué hacer? La respuesta es perder el miedo y estar consciente de que es un camino a veces con muchos tropezones, pero si realmente si busca un cambio, hay que emprenderlo. Quizás tome tiempo, pero hay que tener paciencia. Mientras tanto, patalear no es la respuesta.






viernes, 6 de mayo de 2016

Yo también estoy "jarta"

No sé si tenga que ver con el bombardeo político o que, pero mucha de la gente con la que tengo contacto a diario me dice de alguna forma u otra que está "jarta", así con J. Al preguntarles por qué, la respuesta es la misma: se sienten estancados, como que todo es lo mismo y necesitan un cambio aunque sea de ambiente. 

Imagen: Luke Chueh, Deviant Art. 
Es interesante el fenómeno porque parece ser colectivo. No solo son amistades y conocidos que se quejan. En lugares públicos la conversación parece ser la misma, extensivo a redes sociales, donde hasta las caricaturas reflejan ese estado de hartazgo que en nada ayuda a nadie. Es una sensación desagradable porque momentáneamente se siente uno como que no hay esperanza, como que efectivamente está uno estancado en una especie de infierno sin posibilidad real de escapatoria. 

Algunas personas, y yo me incluyo, tienen la esperanza de que las cosas cambien a partir del 15 de mayo, el día en que culmina -al menos en teoría- este asunto de la política. Se supone que a partir de ese día cesan los caravaneos, bandereos, mítines, reuniones políticas y demás. Sin embargo, hay una posibilidad de que no sea así. Dada la naturaleza de nuestra política, ese día, si bien marca el fin de manifestaciones de esa índole -aún sea momentáneamente- puede dar pie a otras situaciones de tensión.

El 15 de mayo transcurrirá en una calma tensa en lo que de desarrolla el proceso de votación, No se descarta que, como en ocasiones anteriores, haya algún que otro incidente, pero el verdadero circo empieza en la noche. Ya se han dado los pasos para asegurar un proceso tenso con la exigencia de conteo manual, algo que, según yo lo veo, invalida la inversión hecha en equipos y tecnología. Se da por un hecho que habrán las clásicas impugnaciones de resultados y pataleos de lugar. La esperanza de algunos es que no haya una segunda vuelta para poder retomar un ritmo de vida más normal, y vaya si hace falta eso. 

Da la casualidad de que yo también estoy "jarta", y probablemente ustedes también lo estén. Este fenómeno me parece preocupante porque si todos estamos "jartos" no hay forma de hacernos sentir mejor mutuamente y por ende enfrentamos un panorama totalmente gris. Ningún pueblo o sociedad sobrevive de esa manera. 

De este ejercicio mental, y tomando en cuenta mi escrito de ayer, se desprende una conclusión muy obvia: la forma en que se hace política en este país tiene que cambiar. Cada cuatro años se observa este mismo panorama de gente que a medida que se acerca el día está simplemente harta del bombardeo de anuncios, chismes, persuasiones y demás. Esto es insostenible.

jueves, 5 de mayo de 2016

Todo va tan a prisa...

"No tengo tiempo" parece ser el lema de la gente de este tiempo, sin importar que sean jóvenes estudiantes, adolescentes o adultos ya establecidos con familia propia y las responsabilidades de lugar. 

Imagen: Deviant Art.
Ultimanente los días transcurren de una forma muy monótona: te levantas, vas al trabajo, vuelves a la casa y, a dormir, si es que las obligaciones lo permiten. Fines de semana se van en diligencias y, dependiendo del caso, en cuestiones relacionadas al trabajo. Actividades como ir a la playa, viajar y hasta cuidar la salud de manera preventiva se dejan para cuando haya vacaciones, con el agravante de que algunos trabajos y circunstancias no permiten tomar ese merecido descanso.

¿A qué se debe tanta prisa? ¿Cómo es que los días, semanas y meses parecen pasarnos por encima sin siquiera darnos cuenta? Es muy duro detenerse un día y pensar en cómo en un pestañeo ya se ha ido casi la mitad del año y que por cuestiones que a veces nos son ajenas no se le ha podido sacar el mejor provecho. 

En el caso particular dominicano no ayuda el hecho de que estamos en un año electoral. Hace mucho que la actividad política propia de la época interrumpe la cotidianidad con su carga de chismes, análisis, acusaciones, bandereos, mítines y demás. La prensa, la televisión y las redes sociales viven saturadas del tema, al punto que varias personas han manifestado su desagrado ante el fenómeno. 

Podrá lucir como una excusa, pero el hecho de que estamos en menesteres políticos es una de las causas por las que la primera mitad de este año parece haberse ido más rápido de la cuenta, al menos desde el punto de vista de productividad. Es posible que si se ve desde la óptica de la política parezca ir muy lento por aquello de que lo malo suele durar mucho. 

¿Saldremos de este estupor una vez concluya el proceso electoral? Ojalá. Lo lamentable es que este es un pueblo eminentemente político y este fenómeno tan solo empeorará con cada torneo electoral futuro. La razón por la que perdemos tanto tiempo tiene mucho que ver con esta situación, y si no lo creen así solo pónganse a pensar en la cantidad de cosas que se ven afectadas y hasta paralizadas porque "estamos en política".

Se pierde tiempo dando seguimiento a noticias que derivan en chismes, en tapones provocados por la forma poco práctica de hacer política y en cuestiones que bien podrían calificarse de absurdas. Todo sería más práctico aplicando el enfoque de "menos es más": menos anuncios, menos bandereos y menos chismes para trabajar de manera más eficiente.

Por supuesto, la actividad política no es la única razón por la que los días parecen ir demasiado rápido. Eso es solo una coyuntura que aplica a este y muchos otros casos más. Una causa palpable de esta prisa es la tecnología: la misma que facilita comunicación a cualquier hora y en cualquier lugar nos ha hecho esclavos de nuestros trabajos y de las circunstancias que nos rodean. 

Lo primero que hacemos al levantarnos es coger un celular y eso también es lo último que hacemos antes de irnos a dormir. Tenemos un bombardeo incesante de información que ha alterado nuestra capacidad de retención y de atención. Ahora ya casi nadie lee un artículo completo, sino que le pasa por encima con la vista para hacerse una idea general. Para colmo, la basura arropa los contenidos que valen la pena, de ahí que los usuarios de redes sociales parezcan ejércitos de robots repitiendo la misma cosa. 

A veces dan ganas de volver a tiempos más simples, donde las conversaciones cara a cara eran la norma y la vida parecía ir a un ritmo más apacible. Tanta tecnología a la mano, paradójicamente, nos está aislando y convirtiendo en casi máquinas. Revertir la tendencia no será fácil. 

domingo, 27 de marzo de 2016

Preguntas, sin respuestas

Si cada ingreso que recibo va acompañado de la consabida retención de impuestos, ¿no se supone que el sistema se encarga de llevar ese control?

¿De qué sirve declarar gastos mes tras mes si no puedes incluir contribuciones fijas por el
mero hecho de que no están a tu nombre? 

¿Cuánta gente no comparte gastos en un hogar, sin tener contratos a su nombre? ¿No son gastos esos también? 

Hasta ahora los contratos no pueden dividirse en dos o en tres para reflejar la cantidad de gente que contribuye a saldar sus montos mes tras mes, y sería un absurdo hacer facturas internas para manejar esa información. ¿Y entonces? ¿Qué hacemos? 

Nos pasamos el año entero pagando impuestos. ¿Cómo es que hay que hacer una declaración al final del año fiscal sobre la cual hay que pagar más impuestos? 

Educación fiscal. Hace falta. De igual forma hace falta simplificar estos procesos. Formularios confusos, información poco clara y procesos complicados caracterizan cualquier cosa relacionada con impuestos. 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Que frustrante...

Que frustrante es que te usen todo el tiempo. Que siempre seas tú quien pidas excusas aun cuando eres pisoteado y maltratado. Qué frustrante que te mal interpreten. Qué te tengan por loco, desquiciado o anormal. Que frustrante no encontrarle el sentido a las cosas. Preguntarte día a día por qué el mundo es una cosa tan absurda.

Qué frustrante no poder desahogarte con nadie porque todos están ocupados o quizás no te entiendan ni compaginen contigo. Qué frustrante ver gente que uno aprecia maltratándose y descuidándose por cosas absurdas y sin sentido. Es frustrante no poder comunicarse en una época de tanta tecnología y facilidades.

Ya no hay conexiones. Todo el mundo es un commodity que cada cual usa a su antojo y desecha en esa misma medida. Se trabaja 25 horas a la semana para nada. Se descuidan familia y amistades por nada. Todo es parte de ese ciclo tan desagradable y frustrante de uso.

Qué frustrante es darnos cuenta que somos piezas de un ajedrez. Que nos usan. Que nos engañan. Que cogen nuestro tiempo y nuestra buena fe para provecho. Es frustrante y doloroso, y no hay nada más que hacer que reconocelo, superarlo y vivir con ello. Es la triste realidad de estos tiempos.