jueves, 2 de julio de 2015

La ignorancia de la gente no tiene límites

Con todo el vendaval de acusaciones, condenas e insultos dirigidos a la República Dominicana por causa del tema haitiano dos cosas deben resaltarse: la ignorancia de la gente no tiene límites, y, en consecuencia, se dejan llevar de cualquier propaganda sonora, sin importar lo falsa o malintencionada que sea. 

Que el tema haitiano es uno que lleva décadas y que por mucho tiempo se dejó que saliera de control es una realidad. Que ha habido fallos en el proceso es otra realidad. Incluso podría verse el manido argumento de la solidaridad y concordar en que esa gente no tiene la culpa de la situación y merecen ayuda. El problema es que si nos llevamos de la pena y la solidaridad, entonces el mundo entero debería eliminar sus fronteras y simplemente permitir que cualquier entre, haga vida y use los servicios y facilidades. Después de todo, Haití no es el único país en situación de miseria, y muestra de ello es el drama que se da en el Mediterráneo con inmigrantes africanos que buscan desesperadamente un mejor porvenir. 

Así como se resaltan los fallos y el descuido con el tema, es justo resaltar que por décadas la República Dominicana ha sido más que solidaria con su vecino, una palabra que en buena teoría no debería aplicar a un país que ha demostrado con sus últimas acciones ser un enemigo jurado. Si antes se les daba el beneficio de la duda, desde anteayer queda claro que esa es la triste realidad: las autoridades haitianas, lejos de ayudar a solucionar su propia situación y colaborar con este país para lograr un crecimiento conjunto y estable, prefieren imponer vedas y atacar descaradamente en escenarios internacionales con mentiras y exageraciones. 
Esta caricatura de Cristian Hernández representa la realidad de quienes dirigen Haití

Esta actitud se viene observando desde hace meses. En cada reunión bilateral se vio la tendencia de decir una cosa para luego hacer la otra, algo parecido a la proverbial "gatita de María Ramos". 

¿Qué ha pasado entonces? Ahora que la República Dominicana se ha defendido formalmente de tantas acusaciones y condenas, la campaña ésta ha arreciado. Ahora todo el mundo es experto en migración haitiana hacia la República Dominicana. Todo el mundo es experto en cuestiones socioculturales y en temas de racismo. Se afirma que el dominicano es racista, que odia a los negros, que odia a los haitianos y que el culpable de eso es Trujillo. Se afirma igualmente que somos malos y que no merecemos que nos vengan a visitar porque eso sería apoyar un crimen contra la humanidad.

Cuánta estupidez e ignorancia dejan entrever estas posturas. Quienes proponen un boicot a la República Dominica no se detienen a pensar que esa acción traería más miseria a los propios haitianos, tal como planteó Pedro Cabiya en su respuesta a Junot Díaz. Nada más hay que ponerse a ver la cantidad de haitianos que trabaja en cuestiones derivadas de la industria hotelera para entender que este punto es más que válido. Pero aparte de eso, este país ni es rico ni tiene la obligación de acoger a los haitianos de por vida. Si por Haití fuera, todos emigraran porque, tal como decía aquel artículo de Le Nouvelliste, no hay futuro allá, dicho por sus propias autoridades. 

Esta situación es insostenible a largo plazo, y eso lleva a otro punto: esos que se han dedicado a criticar y juzgar a un país que ni siquiera conocen, ¿por qué no hacen algo REAL por ayudar a los haitianos? Si tanto les preocupa su bienestar, entonces que los acojan, que les den entrada libre, papeles, trabajo y buena calidad de vida. Hay, después de todo, muchos otros países que son más ricos que República Dominicana, con mejores condiciones y mayor cantidad de territorio disponible. ¿Y entonces? ¿Por qué no asumen esa iniciativa? 

lunes, 22 de junio de 2015

Todos contra República Dominicana

República Dominicana es en estos momentos sinónimo de racismo y xenofobia, un lugar donde se irrespeta la dignidad de la gente y donde se cometen abusos de lesa humanidad. Esa, lamentablemente, es la imagen que tenemos actualmente, y la debemos a una situación que lleva décadas en desarrollo: la inmigración haitiana.

Pese a lo complejo del tema, que tiene aristas económicas, históricas, políticas y hasta estructurales, la gente en todo el mundo se ha dado a la tarea de simplificarlo y tratarlo como un mero caso más de racismo, con todas las condenas y juicios superfluos que ello conlleva.

Es muy fácil opinar desde una pantalla, a kilómetros de donde está la situación, sin tener conocimientos reales y tan sólo llevándose de información servida por terceros que es quizás tan ignorante de la realidad como el pensamiento de toda esa gente que gratuitamente acaba con un país que ni conocen ni les ha hecho nada. ¿Por qué lo hacen? Porque estas cosas son virales y la gente disfruta tirándole piedras al otro, aunque no tengan la razón.

De República Dominicana se han dicho atrocidades en los últimos días: se ha hablado de una "limpieza social", se ha comparado el proceso con un holocausto, se nos acusa de dejar "sin patria" a un reguero de gente y hasta se nos ha boicoteado el turismo, nuestra principal actividad económica. Cuando lo hace un ciudadano corriente de manera individual, el daño es limitado, pero cuando lo hace una figura como Bill de Blasio, el cuestionado y cuestionable alcalde de Nueva York , la cosa cambia.

Este de la izquierda es Bill de Blasio, cuyo nombre real es Warren Wilhelm, Jr. 


¿Cómo es posible que una figura pública y de cierto peso llame a boicotear el turismo de un país, sin saber la situación imperante y sin tomar en cuenta las posibles consecuencias de esa acción? Habrá par de dominicanos que leerán estas líneas y le darán la razón al señor de Blasio porque este es un tema que levanta las más absurdas y profundas pasiones, muchas de ellas exageradas.

A los que piensen así y me quieran criticar por este escrito, solo les diré lo que hace tiempo he planteado: más que una cuestión de racismo, la situación haitiana es de corte económico: no puede este país absorber al otro. ¿Que por décadas se dejó crecer el problema? ¿Que empresarios y políticos inescrupulosos se beneficiaron? ¿Que las autoridades haitianas nunca han ayudado? Todo eso es verdad, pero de nada sirve atacar a la RD por eso. Hay una situación que debe resolverse. El actual gobierno ha sido mas que responsable y respetuoso en ese sentido.

Ya que se insiste con el tema del racismo, dejo una pregunta por aquí: ¿qué país no lo es? Es gracioso ver a estadounidenses acusando a los dominicanos de racistas cuando en su propio país los crímenes raciales van en aumento. Es cómico que países que deportan salvajemente acusen a RD de trato inhumano, una acusación muy injusta. Citando la célebre frase aquella: aquel que esté libre de pecado que lance la primera piedra.

Mientras tanto, el mundo sigue dando vueltas, la gente sigue matándose en Medio Oriente y en Europa buscan la forma de reducir la inmigración. Solo República Dominicana, vapuleada a más no poder, parece carecer de ese derecho soberano. Muy bueno que es así.

sábado, 13 de junio de 2015

Las malas prácticas médicas también se dan en veterinarias

¿Tienes una mascota en casa? Genial. Esos animalitos rápidamente se ganan el cariño de la gente y con sus ocurrencias se convierten en el alma de la casa y en el principal tema de conversación entre familiares y amistades. 

Lo normal en estos tiempos es llevar a las mascotas, sobre todo cuando se trata de perros y gatos, a la veterinaria, donde les ponen sus vacunas, les hacen sus exámenes rutinarios y cualquier otro procedimiento, dependiendo de la situación de cada cual. También en estos lugares es normal que se ofrezcan servicios de mantenimiento y peluquería, que vendan comida y tengan una selección de juguetes y accesorios. 

Mucha gente piensa que ir al veterinario con su mascota es algo normal y hasta sencillo, pero en esta suposición muchas veces yace el error. Los animales, al igual que la gente, sufren de alergias, tienen reacciones adversas a medicamentos y tienen complicaciones de salud que en ocasiones pueden terminar muy mal. 

catster.com

Ir al veterinario no es la experiencia "bonita" que muchos establecimientos y/o doctores quieren hacer creer. Hay ocasiones en que una visita rutinaria o de emergencia puede convertirse en una tragedia por inobservancia del staff y hasta del mismo dueño, que quizás ignora los riesgos asociados a la aplicación de medicinas y procedimientos. 

El tema lo traigo al blog por una experiencia traumática que tuve recientemente. En casa acogimos un gato que llegó por el área y, como es lógico, lo llevamos a una veterinaria para que lo evaluaran e hicieran cualquier procedimiento que entendieran necesario. Le abrieron un récord, establecieron un programa rutinario de vacunas y le hicieron una plaquita con su nombre. Hasta aquí, todo bien: el gato estaba saludable, y, según la veterinaria, estaba castrado. 

Por aproximadamente dos años el gato nos deleitó con su presencia, haciendo sus gracias y relajándonos con sus travesuras. Era un gato muy querido, apreciado por todos los que lo conocieron y alabado constantemente por su belleza y elegancia. Todo eso llegó a su fin hace unos días cuando, previniendo precisamente cualquier complicación, lo llevamos a su veterinario. 

Ese día, al hacer la primera evaluación, me felicitaron por las excelentes condiciones en que se encontraba el gato: el pelaje brilloso, peso adecuado y órganos en perfectas condiciones. El examen de sangre que se le hizo salió bien por igual. El problema que presentaba el gato, según se nos explicó, es que parecía tener una obstrucción urinaria, una situación que en gatos machos es común por un asunto estructural. Se nos habló de posibles causas y el tratamiento a seguir, que requería dejarlo "interno" por 24 horas. Al día siguiente se entregaría de vuelta, y todo seguiría normal. Tristemente, no fue así. 

Lo relatado anteriormente tuvo lugar a las 9 a.m. Horas después, tras varios intentos de comunicación de mi parte, me dan la fatal noticia de que el gato está en coma inducido y presenta signos de haberse envenenado ocho días atrás. Algunas observaciones a tomar en cuenta: 

1. Se procedió a inducir coma sin avisarnos, pese a que esa era el protocolo a seguir
2. El gato nunca presentó indicios de envenenamiento
3. Hasta ese mismo día el gato comía y tomaba agua con la normalidad acostumbrada
4. ¿Cómo es que estaba "perfecto" si estaba envenenado?

Ya en ocasiones anteriores el gato había reaccionado mal a vacunas, procediéndose a llevarlo de inmediato a la veterinaria para evitar complicaciones mayores. En ninguna ocasión se nos ofreció una explicación o una disculpa: simplemente se le puso un "correctivo", y nada más. La última vez que lo llevé hice estas observaciones, exhortando a que tuvieran cuidado, pero, por desgracia, no surtieron efecto: mi precioso gato murió al día siguiente en la madrugada, información que fue brindada de la manera más inhumana posible a la mañana siguiente. 

La conclusión a la que podemos llegar es que las malas prácticas médicas se dan a todos los niveles, inclusive entre veterinarios, y que los médicos, sin importar su rama, son iguales en todas partes: difícilmente admitan haber cometido un error y suelen taparse entre sí. 

Este relato tiene el objetivo de crear un poco de conciencia sobre un tema que pudiera ser rutinario para dueños de mascotas y advertir sobre posibles riesgos por igual. 

jueves, 28 de mayo de 2015

A propósito de "Charlie Charlie": la gente se embulla con cualquier cosa

Tengo desde abril oyendo hablar de "Charlie Charlie", un supuesto juego sobrenatural que mezcla la Ouija con la leyenda urbana de "Bloody Mary", que en algunos países se conoce como "Verónica". Nunca lo he jugado, ni me interesa, pero entonces ayer me preguntaron eso, indicando que el asunto se ha convertido casi en epidemia. 

La primera vez que me enteré de la existencia del juego fue a través de un escrito aparecido en un periódico local. Se trataba de una noticia de apenas tres párrafos que se centraba en las preocupaciones de un profesor de escuela por el fenómeno. Recuerdo que no le hice ningún caso por carecer de sustancia, pero al parecer estas cosas atraen a las masas porque el supuesto juego "diabólico" se ha convertido en un fenómeno reseñado hasta por medios de renombre como el Washington Post


BBC Mundo


Entonces, ¿qué es este juego que ha concitado tanta atención? Un soberano disparate: se colocan dos lápices, uno encima del otro, sobre una hoja de papel, formando un eje cartesiano a los que se agregan las palabras SI y NO en los cuadrantes opuestos. La gran idea es invocar al tal Charlie Charlie, que se presume es un espíritu, para que juegue con nosotros.

Si el lapiz superior se mueve y apunta a uno de los cuadrantes, esta es la supuesta prueba de que el Charlie ha sido invocado correctamente, dando inicio a una sesión de juegos. Hay videos donde la gente claramente se asusta cuando el lapiz se mueve, olvidando ellos quizás que hay un elemento de gravedad presente que hace mover al lápiz que está colocado encima del otro en direccción opuesta (recuerden, forma una cruz). 

Pregunta televidente: ¿Qué me aporta un juego como este? Parece ser que la gente se deja engañar fácil porque la segunda parte del juego es que, para dejar de jugar, se debe pedir permiso al tal Charlie. Si este no lo otorga, empiezan los problemas (¡uy, qué miedo!). 

Hay cosas más importantes que un juego que por la mera estupidez de la gente se ha vuelto viral, por tanto, dejemos de prestarle atención. 

¿Va en serio esto?

Como la va la cosa con la situación haitiana, no sorprende que un grupo de estos nacionales se haya unido en un supuesto partido político que propone, entre otras cosas, eliminar la policía fronteriza, indeminzar a los descendientes de la "masacre del perejil" y dotar de nacionalidad dominicana a todo haitiano residente en República Dominicana.



No queda claro si este partido es real o si se trata de un relajo o un intento de proyecto. Al momento de este escrito no tengo la menor idea de si está inscrito en la Junta Central Electoral, si las personas que lo representan son legítimas o si va en contra de las leyes dominicanas. Mientras tanto, el deber de las autoridades es investigar estas cosas. 

La única referencia a la existencia de este supuesto partido, llamado "Haitiano Dominicano", es una publicación en el digital "Macorís Serie 23" que a su vez hace referencia a una publicación de Dajabón Noticia que ya no está disponible. Mientras tanto, hay un supuesto website que menciona a sus principales dirigentes. Hora de investigar, pues. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Deseos imposibles

Aun cuando la teoría de la relatividad contempla la posibilidad, volver hacia atrás en el tiempo es imposible en las circunstancias actuales y con los mecanismos que hay a la mano. Pese a ello no deja de ser un deseo de mucha gente para enmendar caminos, corregir errores y tomar decisiones más sabias. 

Imagen: indulgy.com

Si a la gente le dieran la oportunidad de volver atrás en el tiempo de seguro toman el viaje sin pensarlo dos veces. Después de todo, ¿a cuantos de nosotros no nos gustaría tener la oportunidad de empezar de nuevo, hacer una vida distinta y aprovechar oportunidades perdidas? 

Desgraciadamente, esto no se puede. No hay segundas tomas en la vida. Las malas decisiones no pueden simplemente borrarse y las oportunidades perdidas no se recuperan. Esta es la triste realidad. A veces nos ponemos a ver escenarios alternativos, el juego de "y si..."  Por ejemplo: "¿y si hubiese crecido en otro ambiente?" "¿Y si mis padres hubieran sido distintos?" "¿Y si hubiese sido menos exigente al escoger pareja?" El ejercicio es fútil porque lo hecho, hecho está, y no hay vuelta atrás. 

Un porcentaje importante daría lo que fuera por volver atrás y arreglar su mundo, por hacer las cosas diferentes y por ser menos estúpido, mas feliz y menos prejuiciado. La moraleja de esta reflexión es muy obvia: cuidado con los pasos que das hoy porque definirán tu mañana. Aunque pueda parecer tarde, aun estas a tiempo de enmendar. 

martes, 26 de mayo de 2015

Pesimismo vs. optimismo

¿Eres de los que ve el vaso medio lleno o medio vacío? Hay 700 teorías por ahí que hablan de las bondades de mantener una actitud optimista frente a las adversidades, y si bien es cierto que se funciona mejor bajo este esquema, no está de más preguntarse en que punto deja de ser válido para convertirse en un handicap. 

Optimistas empedernidos verán esta pregunta y seguro fruncirán el ceño en desaprobación, mientras que otro bando, el de los pesimistas sin remedio, se sentirá validado en cada una de sus preocupaciones. En efecto, ¿hasta qué punto es saludable el optimismo? ¿Es posible ser demasiado optimista? ¿Hay riesgos asociados a ser excesivamente optimista?

Imagen: funnyjunk.com


Como siempre, estas preguntas son subjetivas y tienen respuestas que varían según el caso. Una dosis de optimismo siempre será mejor a pensar que se acaba el mundo, sobre todo si nos llevamos de aquel viejo cliché de que "la esperanza es lo último que se pierde". Ahora bien, hay que saber discernir entre optimismo saludable y aquel que puede resultar en desengaño e ilusión. 

Hay situaciones en que ninguna cantidad de optimismo o esperanza va a revertir un resultado inevitable, por nefasto o desagradable que pueda ser. En estos casos vale más ser realistas y no tratar de revestir la situación con un falso optimismo que a nadie hará bien alguno. Hay por igual gente que cree que teniendo pensamientos positivos va a obtener algún resultado solo porque sí, porque así está escrito en el destino. ERROR. En esta vida todo se logra con trabajo y esfuerzo, no por espontaneidad. 

Podemos concluir diciendo que sí, es posible ser demasiado optimista en ocasiones y ello a su vez acarrea riesgos. Hay ocasiones en que vale más ser pesimista que optimista, y la razón es sencilla: si esperas el peor escenario posible y las cosas resultan mejores de ahí, es probable que te sientas aliviado o hasta bien. Si salen mal, ya estabas mentalmente preparado. Si por el contrario esperabas ilusamente el mejor escenario y se dio lo opuesto, OUCH. Eso DUELE, y el efecto suele ser duradero. 

Por supuesto, no es que hay que andar esperando lo peor en cada momento, pero hay que ser cautelosos con el optimismo. No siempre es el mejor curso de acción.