viernes, 6 de mayo de 2016

Yo también estoy "jarta"

No sé si tenga que ver con el bombardeo político o que, pero mucha de la gente con la que tengo contacto a diario me dice de alguna forma u otra que está "jarta", así con J. Al preguntarles por qué, la respuesta es la misma: se sienten estancados, como que todo es lo mismo y necesitan un cambio aunque sea de ambiente. 

Imagen: Luke Chueh, Deviant Art. 
Es interesante el fenómeno porque parece ser colectivo. No solo son amistades y conocidos que se quejan. En lugares públicos la conversación parece ser la misma, extensivo a redes sociales, donde hasta las caricaturas reflejan ese estado de hartazgo que en nada ayuda a nadie. Es una sensación desagradable porque momentáneamente se siente uno como que no hay esperanza, como que efectivamente está uno estancado en una especie de infierno sin posibilidad real de escapatoria. 

Algunas personas, y yo me incluyo, tienen la esperanza de que las cosas cambien a partir del 15 de mayo, el día en que culmina -al menos en teoría- este asunto de la política. Se supone que a partir de ese día cesan los caravaneos, bandereos, mítines, reuniones políticas y demás. Sin embargo, hay una posibilidad de que no sea así. Dada la naturaleza de nuestra política, ese día, si bien marca el fin de manifestaciones de esa índole -aún sea momentáneamente- puede dar pie a otras situaciones de tensión.

El 15 de mayo transcurrirá en una calma tensa en lo que de desarrolla el proceso de votación, No se descarta que, como en ocasiones anteriores, haya algún que otro incidente, pero el verdadero circo empieza en la noche. Ya se han dado los pasos para asegurar un proceso tenso con la exigencia de conteo manual, algo que, según yo lo veo, invalida la inversión hecha en equipos y tecnología. Se da por un hecho que habrán las clásicas impugnaciones de resultados y pataleos de lugar. La esperanza de algunos es que no haya una segunda vuelta para poder retomar un ritmo de vida más normal, y vaya si hace falta eso. 

Da la casualidad de que yo también estoy "jarta", y probablemente ustedes también lo estén. Este fenómeno me parece preocupante porque si todos estamos "jartos" no hay forma de hacernos sentir mejor mutuamente y por ende enfrentamos un panorama totalmente gris. Ningún pueblo o sociedad sobrevive de esa manera. 

De este ejercicio mental, y tomando en cuenta mi escrito de ayer, se desprende una conclusión muy obvia: la forma en que se hace política en este país tiene que cambiar. Cada cuatro años se observa este mismo panorama de gente que a medida que se acerca el día está simplemente harta del bombardeo de anuncios, chismes, persuasiones y demás. Esto es insostenible.

jueves, 5 de mayo de 2016

Todo va tan a prisa...

"No tengo tiempo" parece ser el lema de la gente de este tiempo, sin importar que sean jóvenes estudiantes, adolescentes o adultos ya establecidos con familia propia y las responsabilidades de lugar. 

Imagen: Deviant Art.
Ultimanente los días transcurren de una forma muy monótona: te levantas, vas al trabajo, vuelves a la casa y, a dormir, si es que las obligaciones lo permiten. Fines de semana se van en diligencias y, dependiendo del caso, en cuestiones relacionadas al trabajo. Actividades como ir a la playa, viajar y hasta cuidar la salud de manera preventiva se dejan para cuando haya vacaciones, con el agravante de que algunos trabajos y circunstancias no permiten tomar ese merecido descanso.

¿A qué se debe tanta prisa? ¿Cómo es que los días, semanas y meses parecen pasarnos por encima sin siquiera darnos cuenta? Es muy duro detenerse un día y pensar en cómo en un pestañeo ya se ha ido casi la mitad del año y que por cuestiones que a veces nos son ajenas no se le ha podido sacar el mejor provecho. 

En el caso particular dominicano no ayuda el hecho de que estamos en un año electoral. Hace mucho que la actividad política propia de la época interrumpe la cotidianidad con su carga de chismes, análisis, acusaciones, bandereos, mítines y demás. La prensa, la televisión y las redes sociales viven saturadas del tema, al punto que varias personas han manifestado su desagrado ante el fenómeno. 

Podrá lucir como una excusa, pero el hecho de que estamos en menesteres políticos es una de las causas por las que la primera mitad de este año parece haberse ido más rápido de la cuenta, al menos desde el punto de vista de productividad. Es posible que si se ve desde la óptica de la política parezca ir muy lento por aquello de que lo malo suele durar mucho. 

¿Saldremos de este estupor una vez concluya el proceso electoral? Ojalá. Lo lamentable es que este es un pueblo eminentemente político y este fenómeno tan solo empeorará con cada torneo electoral futuro. La razón por la que perdemos tanto tiempo tiene mucho que ver con esta situación, y si no lo creen así solo pónganse a pensar en la cantidad de cosas que se ven afectadas y hasta paralizadas porque "estamos en política".

Se pierde tiempo dando seguimiento a noticias que derivan en chismes, en tapones provocados por la forma poco práctica de hacer política y en cuestiones que bien podrían calificarse de absurdas. Todo sería más práctico aplicando el enfoque de "menos es más": menos anuncios, menos bandereos y menos chismes para trabajar de manera más eficiente.

Por supuesto, la actividad política no es la única razón por la que los días parecen ir demasiado rápido. Eso es solo una coyuntura que aplica a este y muchos otros casos más. Una causa palpable de esta prisa es la tecnología: la misma que facilita comunicación a cualquier hora y en cualquier lugar nos ha hecho esclavos de nuestros trabajos y de las circunstancias que nos rodean. 

Lo primero que hacemos al levantarnos es coger un celular y eso también es lo último que hacemos antes de irnos a dormir. Tenemos un bombardeo incesante de información que ha alterado nuestra capacidad de retención y de atención. Ahora ya casi nadie lee un artículo completo, sino que le pasa por encima con la vista para hacerse una idea general. Para colmo, la basura arropa los contenidos que valen la pena, de ahí que los usuarios de redes sociales parezcan ejércitos de robots repitiendo la misma cosa. 

A veces dan ganas de volver a tiempos más simples, donde las conversaciones cara a cara eran la norma y la vida parecía ir a un ritmo más apacible. Tanta tecnología a la mano, paradójicamente, nos está aislando y convirtiendo en casi máquinas. Revertir la tendencia no será fácil. 

domingo, 27 de marzo de 2016

Preguntas, sin respuestas

Si cada ingreso que recibo va acompañado de la consabida retención de impuestos, ¿no se supone que el sistema se encarga de llevar ese control?

¿De qué sirve declarar gastos mes tras mes si no puedes incluir contribuciones fijas por el
mero hecho de que no están a tu nombre? 

¿Cuánta gente no comparte gastos en un hogar, sin tener contratos a su nombre? ¿No son gastos esos también? 

Hasta ahora los contratos no pueden dividirse en dos o en tres para reflejar la cantidad de gente que contribuye a saldar sus montos mes tras mes, y sería un absurdo hacer facturas internas para manejar esa información. ¿Y entonces? ¿Qué hacemos? 

Nos pasamos el año entero pagando impuestos. ¿Cómo es que hay que hacer una declaración al final del año fiscal sobre la cual hay que pagar más impuestos? 

Educación fiscal. Hace falta. De igual forma hace falta simplificar estos procesos. Formularios confusos, información poco clara y procesos complicados caracterizan cualquier cosa relacionada con impuestos. 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Que frustrante...

Que frustrante es que te usen todo el tiempo. Que siempre seas tú quien pidas excusas aun cuando eres pisoteado y maltratado. Qué frustrante que te mal interpreten. Qué te tengan por loco, desquiciado o anormal. Que frustrante no encontrarle el sentido a las cosas. Preguntarte día a día por qué el mundo es una cosa tan absurda.

Qué frustrante no poder desahogarte con nadie porque todos están ocupados o quizás no te entiendan ni compaginen contigo. Qué frustrante ver gente que uno aprecia maltratándose y descuidándose por cosas absurdas y sin sentido. Es frustrante no poder comunicarse en una época de tanta tecnología y facilidades.

Ya no hay conexiones. Todo el mundo es un commodity que cada cual usa a su antojo y desecha en esa misma medida. Se trabaja 25 horas a la semana para nada. Se descuidan familia y amistades por nada. Todo es parte de ese ciclo tan desagradable y frustrante de uso.

Qué frustrante es darnos cuenta que somos piezas de un ajedrez. Que nos usan. Que nos engañan. Que cogen nuestro tiempo y nuestra buena fe para provecho. Es frustrante y doloroso, y no hay nada más que hacer que reconocelo, superarlo y vivir con ello. Es la triste realidad de estos tiempos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

"Eso no es mío"

Recientemente fui testigo de un acto absurdo que bien podría compararse al refrán aquel que habla de desvestir un santo para vestir otro. Recuerdo que la acción, que me afectaba de manera directa, me provocó una intensa rabia. Lo comenté a varias personas y una de ellas me dijo" no se por qué te molestas si eso no es tuyo".

Ilustración del libro "That's (Not) Mine" de Anna Kang

¿Saben qué? Tiene razón. Eso no es mío. Y eso me hace cuestionar muchas cosas. Si una cosa no es mía, ¿cómo es que me molesta? Todo sería más fácil si uno recordara que el paso por esta vida es temporal y que realmente no somos dueños de nada. 

El párrafo anterior conforma la base de la desidia que vemos a diario en la sociedad a nivel local y global. "Eso no es mío" es la mejor manera de hacerse de la vista gorda, de permitir que se abuse de recursos y de nosotros mismos, y de permitir comportamientos y/o acciones que en algún momento puede ser que nos provoquen algún desencanto. 

Como real y efectivamente esto no es mío, no hay ningún sentido en hacer denuncias ni en esmerarse por nada. Total. Nos moriremos todos eventualmente, así que, pa' lante sin amarguras ni preocupaciones. 

¿Por qué atacan tanto a Duarte?

Para la mayoría de los dominicanos Juan Pablo Duarte es una figura histórica sagrada y trascendente. Fue gracias a la visión de este hombre que se fundó la República Dominicana tras el heróico trabucazo que el 27 de febrero de 1844 puso fin a 22 años de ocupación haitiana en la parte oriental de la isla.

Pese al gran aporte que representa esa visión de Duarte, hay intelectuales que desde hace décadas ponen en duda que el patricio merezca tal mérito, basándose en el hecho de que no estuvo presente en el momento crucial de la Independencia y que, en términos generales, dedicó poco tiempo de su corta vida a los menesteres nacionales de manera presencial.


La primera pregunta que surge al leer posturas de este tipo es, ¿existiera la República Dominicana sin Duarte? Tomar la iniciativa de formar un movimiento independentista cuando se está bajo el yugo del dominio extranjero, con todos los sacrificios y peligros que ello conlleva, no es fácil. Según se evidencia en la historia patria, Duarte pagó cara su osadía, siendo desterrado del territorio y declarado traidor por sus propios congéneres. Peor aún, esa obra se vio en más de una ocasión mancillada por la falta de visión e intereses de políticos inescrupulosos de la época que al parecer no creían ni en sí mismos.

Quienes cuestionan el legado de Duarte alegan que la historia patria que se nos enseña en escuelas y colegios desde hace décadas es una fabricación, un mito que ni siquiera está debidamente sustentado por documentos de la época. En ocasiones la discusión adquiere un matiz racial al afirmarse que se prefiere presentar a Duarte como el principal de los padres de la patria porque estéticamete es una figura agradable a la vista por sus rasgos caucásicos, resultado de su herencia familiar: padre español y madre de ascendencia española.

¿Será verdad que somos tan simples? ¿Será verdad que aspiramos a Duarte porque era blanco y de ojos azules, según atestiguan historiadores y personalidades de la época? ¿Le resta mérito a Duarte haber tenido ese fenotipo? La cuestión racial es absurda por donde quiera que se mire, pero esta es la carta que todos juegan porque es más fácil para fines de generar simpatías.

Visto desde lo práctico, si Duarte merece o no ser el padre de la patria es una cuestión difícil de evaluar y responder por la sencilla razón de que ninguno de nosotros estuvo presente en ese momento. ¿Habría República Dominicana sin Duarte? ¿Habrá tenido alguien más la iniciativa de separarse de Haití? ¿Estaban los habitantes de la isla conformes con esa ocupación? ¿Tenía Duarte un ideal o simples ganas de poder? Los que mataron a Trujillo, ¿tenían ganas de liberar al país de una dictadura o buscaban lo suyo o ambas cosas a la vez? El tiempo se aprovecharía mejor en empoderar comunidades, implementar tecnologías y establecer programas de convivencia sostenible con participación comunitaria.

El supuesto acomodo histórico que representa Duarte ha dado pie a otras cuestionantes sobre el origen y desarrollo de la nación dominicana, presentándose esta preferencia hacia la hispanidad por encima de lo negro como el supuesto motivo por el que este país no se ha involucrado en procesos cruciales de la política e historia latinoamericana. Sin embargo, no es tan sencillo como eso. 

El origen de lo dominicano es difícil de establecer si se toma en cuenta que la población nativa fue exterminada por los colonizadores, quienes a su vez importaron africanos dando origen a un mestizaje que se mantiene al día de hoy y que es una característica de casi toda América Latina.

¿Por qué hablamos español aquí y no nos relacionamos con el resto del Caribe, con excepción de Puerto Rico y Cuba? Tiene mucho que ver con la historia de cada cual. El mundo entero está compuesto por inmigración de algún tipo, sea importada directamente o por llegada espontánea. Desde un punto de vista estratégico o geopolítico República Dominicana nunca ha formado parte de América Latina. Es parte del Caribe, y dentro de eso forma parte de las Antillas Mayores. Por asuntos históricos, geográficos y hasta de conveniencis nos relacionamos e identificamos más con EE.UU. que con cualquier otro país, y eso incluye la llamada "Madre Patria"

Si en algo podemos coincidir es en eso de que el dominicano no tiene identidad claramente establecida, que se ha ido perdiendo con el tiempo, y eso está muy mal. Sin embargo, desbaratando una figura histórica no creo que sea la forma de remediar esa situación. 

El tema de Duarte está intrínsecamente ligado al tema haitiano. Al día de hoy hay gente que pretende restar mérito a los logros dominicanos al compararlos con la lucha independentista haitiana, obviando que esa empresa devino en una ocupación ilegal del lado oriental de la isla y en un desorden que al día de hoy se mantiene, cada vez más marcado y aprovechado por potencias extranjeras y ONGs que solo buscan beneficio propio. 

Los haitianos "lograron tanto" que están viniendo en masa para acá, y amparados en imprecisiones históricas nos quieren imponer su acogida absoluta.  Para aquellos que gustan de hacer comparaciones, una pregunta: Si cedemos a esa presión, ¿no sería este un acto de cobardía, un arrodillamiento indigno y contrario a las virtudes que resaltan respecto a Haití, sacrificado a sí mismo por seguir su propio camino y convicciones? 

Más importante aún, ¿por qué arrastrar a Duarte a una discusión tan banal y con evidentes signos de presión e intereses particulares? De la misma forma en que se pretende restar méritos al patricio hay quienes defienden su legado y observan las coyunturas del momento para advertir de los peligros que enfrenta la soberanía. Al margen de todo esto hay que recordar que este país existe por la visión de un hombre que se sacrificó por una causa y no es justo que eso se pierda antojadizamente. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Incongruencias por un tubo

A la gente no hay quien la entienda. Quieren que le celebren todo, pretenden tener apoyo en los malos  momentos y que les tengan considera un por igual. Sin embargo, una buena parte vive pisoteando y usando a sus congéneres sin compasión alguna.  

Hacer un favor a veces se convierte en una cadena interminable de favores, al punto de sentirse uno utilizado en el proceso. La gente es tan mal agradecida que aún después de haber recibido un favor son capaces de salir con un de atrás pa'lante. 
Foggy Boardwalk, por Inconguent-stock (Deviant Art)


Todos tenemos derecho a molestarnos, pero hay que tener cautela: así como la risa es contagiosa, el mal humor también lo es. Basta con que alguien le hable mal a otro para tener una reacción en cadena sin fin. Solo se restaura el balance si aparece alguien lo suficientemente sensato como para ignorar el momento. 

Dicen que las cosas pasan por algo. Si tus planes de mañana se desbaratan por causas fuera de tu control, acepta la nueva situación y compensa el mal rato pensando en la probabilidad de que algo más grande o desagradable pudo haber sucedido. Ya habrá una nueva oportunidad. 

Si algo no te gusta, o sientes que no satisface tus necesidades, QUÉJATE. No hay por qué aguantar trabajos, productos o servicios malos. Quedarte callado cancela tu derecho a reclamo más adelante. 

¿Eres sensible? No hagas a los demás lo que no te gustaría te hicieran. Es de muy mal gusto y denota dicotomía e incongruencia en el pensamiento. 

Por último, si maltratas a alguien, no esperes simpatía todas las veces ni que esa persona mantenga su lealtad por mucho tiempo. El respeto se gana y la dignidad no se negocia.