Foto: José Kevo/Duarte 101 Empanadas, jugos, sandwiches, dulces, frituras, frutas frescas. Esto y más se puede conseguir en cualquier esquina de Santo Domingo, Santiago y cualquier otra ciudad dominicana. Se trata de puestos improvisados de venta de comida, muchas veces preparada ahí mismo, en una estufita que funciona a gas, en medio de la contaminación de vehículos y las moscas, que nunca faltan. O si no se trata de un frutero que pela sus frutas según la demanda, con un cuchillo que no se sabe si está del todo limpio. En este país tan especial es una gracia para algunos decir que fue al puesto de jugos de la esquina, donde las moscas hacían fiesta encima de las naranjas, piñas y demás frutas usadas para su confección. Como para añadir un toque humorístico, hay quienes agregan que con el mismo paño que el juguero se seca el sudor limpia sus útiles de cocina. Tan común es la venta callejera de alimentos, y tan común su consumo, que al parecer los dominicanos han desarrollado ci...
Reflexiones acerca de la existencia humana y de cómo la misma gente puede hacer la diferencia. Contenido original.