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Fomentando los malos empleados

Imagen: richsmanagementblog.com
 
En cada empresa, sin importar su naturaleza, hay empleados buenos y malos. Da la casualidad de que por lo general los empleados malos superan a los buenos, en ocasiones por mucho. ¿A qué se debe esto? La respuesta varía según cada caso, pero, al menos en el caso de la realidad dominicana, hay algunos elementos en común que ayudarían a explicar el fenómeno.
 
Antes de entrar en materia, comparto un dato que me llamó la atención: según un estudio de Leadership IQ, en 42% de las compañías los mejores empleados son a menudo los menos involucrados con la empresa. Peor aún, los peores empleados son los que se sienten más identificados con la misma.
 
A pesar de que el estudio fue realizado en Estados Unidos, lo más probable es que se repita este fenómeno en otros países en mayor o menos medida. Después de todo, la gente es la misma en todas partes.
 
Asumamos por un momento que esta data es válida en cualquier escenario. La primera pregunta que surge es, ¿por qué se da esta dicotomía? ¿No debería ser al revés? Se supone que los buenos empleados son los que aportan al buen desempeño y resultados de la empresa, por tanto hace sentido pensar que estos son los más están alineados con los objetivos de la empresa. En teoría esto debería ser así, pero, en la práctica, tal como demuestra el estudio de Leadership IQ, pasa lo contrario. Vaya contradicción, ¿no?
 

Explicando el fenómeno

 
No hay que ser experto en temas laborales o de administración de empresas para darse cuenta que este fenómeno expuesto por Leadership IQ es real. Tan solo basta con trabajar en un sitio cualquiera para darse cuenta de que la dinámica a menudo va en contra de las mejores prácticas establecidas por la teoría organizacional.
 
Me explico. En casi todos las oficinas los buenos empleados a menudo son ignorados por la alta gerencia. Carecen de motivación, nadie les hace caso, sus ideas y aportes suelen pasarse por alto (aunque después se les de la razón de alguna forma u otra) y, peor aún, casi nunca son tomados en cuenta a la hora de promociones laborales o aumentos de salario o cualquier otra forma de compensación por desempeño.
 
Algo interesante es que por lo general los buenos empleados, aquellos que trabajan de manera diligente y eficiente en lo suyo, son personas reservadas y respetuosas que raras veces se meten con otros empleados y que no suelen entrar en confianza con sus jefes o supervisores inmediatos. En pocas palabras, son personas profesionales que se toman su trabajo en serio y buscan la forma de aportar con sus conocimientos y habilidades.
 
En contraste, los malos empleados, aquellos que siempre están en chercha y que abusan de la confianza con el jefe, son los que suelen llevarse todos los beneficios. A pesar de que sus aportes son mínimos o nulos, se los ve que siempre están ganando reconocimientos, los suben de posición y gozan del aprecio y agrado de jefes, supervisores y demás, cosa que les allana el camino.
 

¿Dónde está el fallo?

 
Justo ahí, en esa dinámica que describí en la sección anterior, está el fallo. La gente, precisamente por su naturaleza humana, tiende a confundir adulonería y lisonjería con lealtad. El resultado de esta percepción errada y vanidosa es que se premia a empleados mediocres a nivel de productividad pero brillantes en el arte de limpiar sacos. Esto va en detrimento de gente que simplemente hace su trabajo sin pedir a cambio nada más que su salario y un trato decente, con compensaciones justas por su desempeño.
 
Siendo el caso que esto se da en casi todas partes, hace sentido la conclusión aquellas de Leadersip IQ en el sentido de que los empleados malos son los que se sienten más identificados con la empresa y que los buenos se sienten ajenos a la misma. Por muy contradictorio que parezca, hace sentido una vez analizamos cómo es el ambiente laboral, al menos en el caso dominicano.
 
¿No creen que esto sea así? Miren a su alrededor y saquen sus propias conclusiones.

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