Vamos a decirlo a la clara y sin adornos: República Dominicana es un desastre. Sin dolientes, sin autoridad, sin visión, sin organización y sin criterio. Este es, sin duda, el país del absurdo. Pretendemos vivir del turismo, pero el turismo es una gran falacia que no beneficia más a que a dueños de hoteles y grandes empresarios turísticos. Todavía no se ha visto al primer pueblo que haya salido de la pobreza por haber apostado al turismo. Al contrario, muchos males han aumentado en conjunto con la miseria y pobreza de siempre. La otra cara del turismo es lo que ofrecemos como país: basura, calles en mal estado, inseguridad ciudadana, servicios ineficientes (por no decir inexistentes) e inseguridad vial. A esto hay que añadir el pésimo trabajo que hacemos preservando nuestros recursos naturales, algo que se supone es piedra angular en esa oferta de turismo que tanto se pregona desde el gobierno. Ríos contaminados, minería que amenaza biodiversidad, playas repletas de ba...
Reflexiones acerca de la existencia humana y de cómo la misma gente puede hacer la diferencia. Contenido original.