Compañías de teléfono. Las odiamos, pero al mismo tiempo no podemos vivir sin ellas, a menos que decidamos meternos a ermitaños. No importa como se llamen, su procedencia o su filosofía, todas son lo mismo y parecen tener el don de irritar al más paciente de los clientes con sus reglas absurdas y servicio al cliente lento y deficiente. Ir a una oficina comercial de una compañía de teléfonos es un ejercicio de paciencia que implica dedicar varias horas en turno para al final atenderse con una persona que por lo general no sabe hacer su trabajo correctamente y cuyos conocimientos respecto a los servicios ofrecidos, honorarios y demás informaciones relacionadas son incompletos o deficientes. Para colmo, como una consecuencia de esta deficiencia, tienden a ser lentos y poco eficientes. Hasta ahora me he concentrado en servicio al cliente presencial, pero por teléfono no es que sea mucho mejor tampoco: espera larga, respuestas incompletas e incompetencia que rápidamen...
Reflexiones acerca de la existencia humana y de cómo la misma gente puede hacer la diferencia. Contenido original.