Todo en la vida depende de un tercero, por mucho que le quieran decir a uno que se es dueño de nuestro destino y felicidad.
Dejando a un lado los eufemismos y el positivismo tóxico que tan de moda se ha puesto en redes sociales y demás, hagamos un ejercicio práctico: ¿cuántos resultados del día no depende de un tercero?
Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nuestras vidas están entrelazadas con terceros que tienen gran incidencia sobre todo lo que hacemos, extensivo a nuestros sentimientos y bienestar.
La dinámica se da en todas partes: a nivel de hogar, familia, pareja, amistades y laboral. Incluso se da en escenarios neutros, como cuando salimos a la calle, ya sea a hacer diligencias o a divertirnos.
Tener un buen o mal día depende en gran medida de otros. Si alguien por imprudencia nos choca, automáticamente se arruina el día. Si al llegar a la oficina las cosas fluyen correctamente porque cada cual está haciendo su trabajo, es muy posible que el balance final del día sea positivo.
Desafortunadamente, estamos ahora mismo en un limbo existencial que viene agravado por egoísmo, desconsideración, desidia, falta de voluntad, irresponsabilidad e inconsciencia. La gente de este tiempo no sabe convivir en paz, no sabe respetar los derechos del otro y, en general, no les importa nada. Cada cual anda distraído con una pantalla y ensimismado en sus problemas, sin pensar que otruo tienen también situaciones con las que tienen que lidiar.
Ese panorama general explica muchas cosas. La falta de voluntad de la gente que nos rodea nos afecta grandemente. Detrás de cada retraso, de cada respuesta tardía, de cada decisión a medias lo que hay es una terrible falta de voluntad y consciencia, y es esto que está llevando mundo entero a un limbo existencial agravado donde la inteligencia artificial tiene todas las de ganar y salirse con la suya.

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