En la vida aparece todo tipo de gente: bondadosas, amigables, serviciales, chismosas, tóxicas, abusadoras, narcisistas, egoístas y un larguísimo etcétera. Lidiar con cada tipo de persona requiere de un conjunto de habilidades que no siempre tenemos o dominamos, siendo esta la razón por la que de manera natural r echazamos o aceptamos personas en nuestro círculo. Aún cuando nuestra intuición puede ser muy buena para alertarnos de problemas y situaciones potencialmente peligrosas, esta no es infalible, y es así como de vez en cuando dejamos entrar en nuestras vidas al tipo equivocado de personas. Muchos factores intervienen en esta jugada: hay gente experta en presentarse como lo que no es, exhibiendo un grado de encanto y amabilidad que confunde al más escéptico. Ocurre también el fenómeno contrario: gente perfectamente adecuada que no entra en nuestro radar por mostrarse poco accesibles, siendo aquí una posibilidad que se trate de una barrera defensiva adrede ...
Vamos a decirlo a la clara y sin adornos: República Dominicana es un desastre. Sin dolientes, sin autoridad, sin visión, sin organización y sin criterio. Este es, sin duda, el país del absurdo. Pretendemos vivir del turismo, pero el turismo es una gran falacia que no beneficia más a que a dueños de hoteles y grandes empresarios turísticos. Todavía no se ha visto al primer pueblo que haya salido de la pobreza por haber apostado al turismo. Al contrario, muchos males han aumentado en conjunto con la miseria y pobreza de siempre. La otra cara del turismo es lo que ofrecemos como país: basura, calles en mal estado, inseguridad ciudadana, servicios ineficientes (por no decir inexistentes) e inseguridad vial. A esto hay que añadir el pésimo trabajo que hacemos preservando nuestros recursos naturales, algo que se supone es piedra angular en esa oferta de turismo que tanto se pregona desde el gobierno. Ríos contaminados, minería que amenaza biodiversidad, playas repletas de ba...