Vamos a decirlo a la clara y sin adornos: República Dominicana es un desastre. Sin dolientes, sin autoridad, sin visión, sin organización y sin criterio. Este es, sin duda, el país del absurdo. Pretendemos vivir del turismo, pero el turismo es una gran falacia que no beneficia más a que a dueños de hoteles y grandes empresarios turísticos. Todavía no se ha visto al primer pueblo que haya salido de la pobreza por haber apostado al turismo. Al contrario, muchos males han aumentado en conjunto con la miseria y pobreza de siempre. La otra cara del turismo es lo que ofrecemos como país: basura, calles en mal estado, inseguridad ciudadana, servicios ineficientes (por no decir inexistentes) e inseguridad vial. A esto hay que añadir el pésimo trabajo que hacemos preservando nuestros recursos naturales, algo que se supone es piedra angular en esa oferta de turismo que tanto se pregona desde el gobierno. Ríos contaminados, minería que amenaza biodiversidad, playas repletas de ba...
Todo en la vida depende de un tercero, por mucho que le quieran decir a uno que se es dueño de nuestro destino y felicidad. Dejando a un lado los eufemismos y el positivismo tóxico que tan de moda se ha puesto en redes sociales y demás, hagamos un ejercicio práctico: ¿cuántos resultados del día no depende de un tercero? Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nuestras vidas están entrelazadas con terceros que tienen gran incidencia sobre todo lo que hacemos, extensivo a nuestros sentimientos y bienestar. La dinámica se da en todas partes: a nivel de hogar, familia, pareja, amistades y laboral. Incluso se da en escenarios neutros, como cuando salimos a la calle, ya sea a hacer diligencias o a divertirnos. Tener un buen o mal día depende en gran medida de otros. Si alguien por imprudencia nos choca, automáticamente se arruina el día. Si al llegar a la oficina las cosas fluyen correctamente porque cada cual está haciendo su trabajo, es muy posible que el ...