Este es, sin duda, el país del absurdo. Pretendemos vivir del turismo, pero el turismo es una gran falacia que no beneficia más a que a dueños de hoteles y grandes empresarios turísticos. Todavía no se ha visto al primer pueblo que haya salido de la pobreza por haber apostado al turismo. Al contrario, muchos males han aumentado en conjunto con la miseria y pobreza de siempre.
La otra cara del turismo es lo que ofrecemos como país: basura, calles en mal estado, inseguridad ciudadana, servicios ineficientes (por no decir inexistentes) e inseguridad vial. A esto hay que añadir el pésimo trabajo que hacemos preservando nuestros recursos naturales, algo que se supone es piedra angular en esa oferta de turismo que tanto se pregona desde el gobierno.
Ríos contaminados, minería que amenaza biodiversidad, playas repletas de basura, bosques amenazados, depredación por doquier en pos de intereses particulares y un esfuerzo por borrar nuestra historia y cultura es lo que estamos viviendo en la actualidad. Aún así, nos llenamos la boca diciendo que “República Dominicana lo tiene todo”. ¿Qué diremos cuando acabemos con todo? Lo que está pasando en la actualidad es más que una vergüenza .
República Dominicana es más que playas, pero ahí, en patrimonio cultural, historia y similares, es que de verdad nos hemos explayado en borrar todo. Este es un país tan absurdamente especial que la Zona Colonisl poco a poco la están desmontando, quitándole su encanto con remodelaciones interminables que tan solo han empeorado todo. No se pone en duda que el plan sea desbaratar todo para salir con un megaproyecto moderno que jamás sustituirá la riqueza que ya tenemos.
Un país con tanto que ofrecer y que por falta de voluntad política y la desidia de ciudadanos conformistas va totalmente a la deriva. Cultura en cero, valores en cero. Solía ser que la hospitalidad era un punto luminoso en el turismo dominicano. Hoy la historia es muy diferente: la cara del dominicano no solo ha cambiado de perfil, sino que la falta de educación y el dominio y celebración de la vulgaridad han hecho estragos. Aquí no conocemos lo que es un buen servicio al cliente porque es inexistente.
El problema, por supuesto, va más allá de turismo y los temas tratados aquí. El desastre es a todo nivel: económico, productivo, educativo, de salud, de servicios. Todo empieza por las autoridades, o falta de. Aquí tenemos alcaldes que no hacen nada, ministros que están de adorno, policías que delinquen y un sinnúmero de funcionarios y representantes que no hacen absolutamente nada. Si cada cual hiciera su trabajo, fuera todo muy distinto, pero aquí nos hemos acostumbrado a las marrullas, y por eso nos está llevando quien nos trajo.

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