El ser humano es un ente tan complejo que resulta insondable: desperdicia oportunidades, daña su entorno y hace lo posible por autodestruirse en nombre de la diversión y el progreso.
El estado actual del planeta Tierra ofrece evidencia puntual de lo ya comentado: glaciares desprendiéndose, olas de calor mortíferas, desastres naturales extremos, terremotos catastróficos, extinción continuada de especies, escasez de agua en aumento y un largo etcétera.
Aún con este escenario, insistimos como humanidad en apostar por centros de datos y rendirnos ante los encantos de una inteligencia artificial que poco a poco va arrasando con todo, incluso nuestra dignidad.
Estamos viviendo tiempos realmente complejos y contradictorios: crisis de salud mental a nivel general, sensibilidades a flor de piel, empleo escaso, educación de pésima calidad y poca voluntad humana.
Voluntad humana es quizás lo más importante y, a la vez, lo más obviado. La gente de este tiempo está tan acostumbrada a lo fácil y automático que ya no hay motivación o deseo de poner empeño a nada. La desidia es moneda de curso legal, lo mismo que la apatía y la desconsideración al otro.
Todo el mundo quiere que lo ayuden, pero pocos son los que están dispuestos a justificar esa ayuda, compensarla o bien aprovecharla para beneficio propio a largo plazo sin tener que depender de otros. Cuando ese que ayuda de repente no puede seguir ayudando o, peor, necesita a su vez que lo ayuden, se encuentra con un escenario vacío… porque así es ls gente, abusadora y malagradecida. Quizás lo peor de todo es que nunca reconocen sus faltas, pero si saben ver la la paja en el ojo ajeno.

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