Lidiar con cada tipo de persona requiere de un conjunto de habilidades que no siempre tenemos o dominamos, siendo esta la razón por la que de manera natural r
echazamos o aceptamos personas en nuestro círculo.
Aún cuando nuestra intuición puede ser muy buena para alertarnos de problemas y situaciones potencialmente peligrosas, esta no es infalible, y es así como de vez en cuando dejamos entrar en nuestras vidas al tipo equivocado de personas.
Muchos factores intervienen en esta jugada: hay gente experta en presentarse como lo que no es, exhibiendo un grado de encanto y amabilidad que confunde al más escéptico. Ocurre también el fenómeno contrario: gente perfectamente adecuada que no entra en nuestro radar por mostrarse poco accesibles, siendo aquí una posibilidad que se trate de una barrera defensiva adrede
El peligro de dejarnos envolver por los maestros del engaño es que son personas que por lo regular tienen una agenda con intereses muy particulares y que en nada nos benefician porque usualmente implica sacarnos algún provecho. Es así como hay gente que tiene una maestría en hacerse la víctima, exhibiendo un grado de sensibilidad que raya en lo absurdo. En otros casos se exhiben niveles de galantería que esconden desprecio o marrullas muy dañinas.
Por aquello de que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, tarde o temprano esa personas engañosas se retiran la careta o, más bien, nosotros nos quitamos la venda y vemos la cruda realidad que nos ha venido acompañando durante todo este tiempo
Una vez el simulador se siente descubierto -y que pierde el control sobre su víctima-, muchas cosas pasan: intentos de manipulación, tácticas de disuasión, amenazas, campañas de difamación… todo con el objetivo que volver a controlar a la víctima y seguir ellos con su plan malévolo.
Dependiendo de qué tan maleable sea la víctima, o de hasta qué punto despertó, puede que nada de eso funcione y es ahí donde el ataque de vuelve sostenido, exhibiendo estas personas engañosas una increíble capacidad de ver el mundo al revés, a su conveniencia.
Ante una situación como esta, lo más inteligente y sensato es mantener la calma y no caer en el gancho de reaccionar porque eso es precisamente lo que andan buscando. Nunca les demos esa satisfacción.
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