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Ahora que se ha emitido un decreto mediante el cual las secretarías de estado pasarán a ser ministerios, y por ende sus incumbentes pasarán a ser ministros en vez de secretarios, cabe preguntarse si el cambio en la denominación va más allá de la estética. Después de todo, ¿Qué es una secretaría? ¿Qué es un ministerio? ¿En qué se diferencian?
Una secretaría se define como un organismo encargado de la organización administrativa y ejecutiva de los asuntos de gobierno. Por su parte, un ministerio es un órgano público específico que maneja asuntos administrativos de un estado.
Hasta ahora, secretaría y ministerio parecen ser la misma cosa. En el caso de que así sea, ¿cuál es el punto de cambiar el nombre a estos organismos? ¿Confundir, y nada más? ¿O es que hay planes de que con el cambio de nombre estas instituciones asuman sus responsabilidades con más eficiencia? Quién sabe, quizás se trate de un esfuerzo por mejorar la imagen de descrédito en que han caído varias instituciones del estado.
A menos que se demuestre lo contrario, los ministerios no serán más que las mismas secretarías de siempre, pero con nombres más sofisticados. Lo mismo con los alcaldes que recién estrenan nombre, con excepción de Roberto Salcedo, quien asumió ese título para sí desde que pisó por primera vez el ayuntamiento del Distrito Nacional.
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